TOCHADAS MIAS

lunes, 2 de abril de 2012

DISPOSICIONES ORTOGRAFICAS RECIENTES DE LA RAE



Siempre se ha dicho que una imagen vale más que mil palabras! Personalmente no lo he tomado al pie de la letra porque, la verdad, yo desearía utilizar mil palabras para traducir una (esa?) imagen. De todas maneras he ubicado aquí esta imagen para que se motiven a seguir mirando lo que sigue ...

A raiz de la lectura que me recomendó mi señora esposa de un artículo aparecido en una revista que publica la comunidad de padres redentoristas los cuales administran con mucho éxito la Basilica del señor de los milagros en la ciudad de Buga, Valle, me motivé para documenrame un poco mejor acerca de la aparente modernización y rumbo que se le está dando a nuestro idioma español (castellano).

De ninguna manera pretendo que mis escasos visitantes me puedan catalogar de academicista, simplemente como en torno a este tema es mucho lo que se discute que mejor que tengamos el documento de referencia para poder hacerlo con más propiedad, me parace a mi y espero que igual a Uds.

El documento me lo busqué en el internet valiendome de mr google y tal cual se los pongo aquí para lo que les pueda servir.



Principales novedades de la última edición de la Ortografía de la lengua española (2010)

1. Exclusión de los dígrafos ch y ll del abecedario

Se excluyen definitivamente del abecedario los signos ch y ll, ya que, en realidad, no son letras, sino dígrafos, esto es, conjuntos de dos letras o grafemas que representan un solo fonema. El abecedario del español queda así reducido a las veintisiete letras siguientes: a, b, c, d, e, f, g, h, i, j, k, l, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, z.

El español se asimila con ello al resto de las lenguas de escritura alfabética, en las que solo se consideran letras del abecedario los signos simples, aunque en todas ellas existen combinaciones de grafemas para representar algunos de sus fonemas.


http://www.youtube.com/watch?v=Dqs49oQKK4M

La eliminación de los dígrafos ch y ll del inventario de letras del abecedario no supone, en modo alguno, que desaparezcan del sistema gráfico del español. Estos signos dobles seguirán utilizándose como hasta ahora en la escritura de las palabras españolas: el dígrafo ch en representación del fonema /ch/ (chico [chíko]) y el dígrafo ll en representación del fonema /ll/ o, para hablantes yeístas, del fonema /y/ (calle [kálle, káye]). La novedad consiste, simplemente, en que dejan de contarse entre las letras del abecedario.

Al tratarse de combinaciones de dos letras, las palabras que comienzan por estos dígrafos o que los contienen no se alfabetizan aparte, sino en los lugares que les corresponden dentro de la c y de la l, respectivamente. La decisión de adoptar el orden alfabético latino universal se tomó en el X Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, celebrado en 1994, y viene aplicándose desde entonces en todas las obras académicas.



2. Propuesta de un solo nombre para cada una de las letras del abecedario
Algunas de las letras tienen varios nombres con tradición y vigencia en diferentes zonas del ámbito hispánico. La nueva edición de la ortografía, sin ánimo de interferir en la libertad de cada hablante o país de seguir utilizando el nombre al que esté habituado, pretende promover hacia el futuro un proceso de convergencia en la manera de referirse a las letras del abecedario, razón por la que recomienda, para cada una de ellas, una denominación única común. El nombre común recomendado es el que aparece en la relación siguiente debajo de cada letra.

a, A b, B c, C d, D e, E f, F g, G h, H i, I
a be ce de e efe ge hache i

j, J k, K l, L m, M n, N ñ, Ñ o, O p, P q, Q
jota ka ele eme ene eñe o pe cu

r, R s, S t, T u, U v, V w, W x, X y, Y z, Z
erre ese te u uve uve doble equis ye zeta

La recomendación de utilizar un solo nombre para cada letra no implica, en modo alguno, que se consideren incorrectas las variantes denominativas con vigencia en el uso que presentan algunas de ellas, y que a continuación se comentan:

o La letra v tiene dos nombres: uve y ve. El nombre uve es el único empleado en España, pero también es conocido y usado en buena parte de América, donde, no obstante, está más extendido el nombre ve. Los hispanohablantes que utilizan el nombre ve suelen acompañarlo de los adjetivos corta, chica, chiquita, pequeña o baja, para poder distinguir en la lengua oral el nombre de esta letra del de la letra b (be), que se pronuncia exactamente igual. El hecho de que el nombre uve se distinga sin necesidad de añadidos del nombre de la letra b justifica su elección como la denominación recomendada para la v en todo el ámbito hispánico.

o La letra b se denomina simplemente be entre aquellos hispanohablantes que utilizan el nombre uve para la letra v. En cambio, quienes llaman ve (corta, chica, chiquita, pequeña o baja) a la v utilizan habitualmente para la b las denominaciones complejas be larga, be grande o be alta, añadiendo en cada caso el adjetivo opuesto al que emplean para referirse a la v.

o La letra w presenta también varios nombres: uve doble, ve doble, doble uve, doble ve y doble u (este último, calco del inglés double u). Se da preferencia a la denominación uve doble por ser uve el nombre común recomendado para la letra v y ser más natural en español la colocación pospuesta de los adjetivos.

o La letra y se denomina i griega o ye. El nombre i griega, heredado del latino, es la denominación tradicional y más extendida de esta letra, y refleja su origen y su empleo inicial en préstamos del griego. El nombre ye se creó en la segunda mitad del siglo XIX por aplicación del patrón denominativo que siguen la mayoría de las consonantes, que consiste en añadir la vocal e a la letra correspondiente (be, ce, de, etc.). La elección de ye como nombre recomendado para esta letra se justifica por su simplicidad, ya que se diferencia, sin necesidad de especificadores, del nombre de la letra i.

o La letra i, cuyo nombre es i, recibe también la denominación de i latina para distinguirla de la letra y cuando para esta última se emplea la denominación tradicional de i griega.

A diferencia de las variantes denominativas que se acaban de exponer, todas ellas válidas, no se consideran hoy aceptables los nombres alternativos que han recibido algunas otras letras en el pasado; así, se aconseja desechar definitivamente el nombre ere para la r, así como las formas ceta, ceda y zeda para la z. Los únicos nombres válidos hoy para estas letras son, respectivamente, erre y zeta.

3. Sustitución, por grafías propias del español, de la q etimológica con valor fónico independiente en aquellos extranjerismos y latinismos plenamente adaptados al español (quorum > cuórum)

En el sistema ortográfico del español, la letra q solo tiene uso como elemento integrante del dígrafo qu para representar el fonema /k/ ante las vocales e, i (queso [késo], quién [kién]). Este mismo fonema se representa, en el resto de las posiciones, con la letra c (canguro [kangúro], corto [kórto], cuenta [kuénta], acné [akné], tictac [tikták]), aunque en préstamos de otras lenguas también puede aparecer representado por la letra k en cualquier posición (karaoke [karaóke], kilo [kílo], koala [koála], kurdo [kúrdo], búnker [búnker], anorak [anorák]).

Es, por lo tanto, ajeno a la ortografía del español el empleo de la letra q como grafema independiente, con valor fónico autónomo. Por ello, los préstamos de otras lenguas, sean latinismos o extranjerismos, cuya grafía etimológica incluya una q que por sí sola represente el fonema /k/, si se adaptan al español, deben sustituir esa
q por las grafías propias de la ortografía española para representar dicho fonema.

En aplicación de esta norma, voces inglesas como quark o quasar, o latinas como quorum o exequatur, deben escribirse en español cuark, cuásar, cuórum y execuátur.

En caso de mantener las grafías etimológicas con q, estas voces han de considerarse extranjerismos o latinismos crudos (no adaptados) y escribirse, por ello, en cursiva y sin tilde.



Aunque en el ámbito de los nombres propios (antropónimos y topónimos) es frecuente el uso de grafías originarias no adaptadas o —si los nombres provienen de lenguas que emplean otro alfabeto u otro sistema de escritura, como el árabe, el hebreo o el chino— de transliteraciones de las grafías originarias al alfabeto latino, sin adaptaciones ulteriores, en el caso de los topónimos mayores, como son los nombres de países, es conveniente usar grafías plenamente adaptadas a la ortografía del español. Por ello, aplicando la misma norma que para los nombres comunes, se recomienda emplear con preferencia las grafías Catar e Irak para los nombres de esos dos países árabes, mejor que Qatar e Iraq, transcripciones de los originales árabes que presentan un uso de la q ajeno al sistema ortográfico del español.

4. Eliminación de la tilde en palabras con diptongos o triptongos ortográficos: guion, truhan, fie, liais, etc.

Para poder aplicar con propiedad las reglas de acentuación gráfica del español es necesario determinar previamente la división de las palabras en sílabas. Y para dividir silábicamente las palabras que contienen secuencias de vocales es preciso saber si dichas vocales se articulan dentro de la misma sílaba, como diptongos o triptongos (vais, o.pioi.de), o en sílabas distintas, como hiatos (lí.ne.a, ta.o.ís.ta).

Al no existir uniformidad entre los hispanohablantes en la manera de articular muchas secuencias vocálicas, ya que a menudo, incluso tratándose de las mismas palabras, unos hablantes pronuncian las vocales contiguas dentro de la misma sílaba y otros en sílabas distintas, la ortografía académica estableció ya en 1999 una serie de convenciones para fijar qué combinaciones vocálicas deben considerarse siempre diptongos o triptongos y cuáles siempre hiatos a la hora de aplicar las reglas de acentuación gráfica, con el fin de garantizar la unidad en la representación escrita de las voces que contienen este tipo de secuencias.

De acuerdo con dichas convenciones, y con independencia de cuál sea su articulación real en palabras concretas, se consideran siempre diptongos a efectos ortográficos las combinaciones siguientes:

a. Vocal abierta (/a/, /e/, /o/) seguida o precedida de vocal cerrada átona (/i/, /u/): estabais, confiar, diario, afeitar, viento, pie, doy, guion, aunar, acuario, actuado, reunir, sueño, estadounidense, antiguo.

b. Dos vocales cerradas distintas (/i/, /u/): triunfo, incluido, diurno, huir, viuda, ruido.

Del mismo modo, se consideran siempre triptongos a efectos ortográficos las secuencias constituidas por una vocal abierta entre dos vocales cerradas átonas: confiáis, actuáis, puntuéis, guau.

Como consecuencia de la aplicación de estas convenciones, un grupo limitado de palabras que tradicionalmente se habían escrito con tilde por resultar bisílabas (además de ser agudas terminadas en -n, -s o vocal) en la pronunciación de buena parte de los hispanohablantes —los que articulan con hiato las combinaciones vocálicas que contienen— pasan a considerarse monosílabas a efectos de acentuación gráfica, conforme a su pronunciación real por otra gran parte de los hispanohablantes —los que articulan esas mismas combinaciones como diptongos o triptongos—, y a escribirse, por ello, sin tilde, ya que los monosílabos no se acentúan gráficamente, salvo los que llevan tilde diacrítica.

Las palabras afectadas por este cambio son formas verbales como crie, crio, criais, crieis y las de voseo crias, cria (de criar); fie, fio, fiais, fieis y las de voseo fias, fia (de fiar); flui, fluis (de fluir); frio, friais (de freír); frui, fruis (de fruir); guie, guio, guiais, guieis y las de voseo guias, guia (de guiar); hui, huis (de huir); lie, lio, liais, lieis y las de voseo lias, lia (de liar); pie, pio, piais, pieis y las de voseo pias, pia (de piar); rio, riais (de reír); sustantivos como guion, ion, muon, pion, prion, ruan y truhan; y ciertos nombres propios, como Ruan y Sion.

Aunque la ortografía de 1999, donde se establecieron las citadas convenciones, prescribía ya la escritura sin tilde de estas palabras, admitía que los hablantes que las pronunciasen como bisílabas pudiesen seguir acentuándolas gráficamente. En cambio, a partir de la edición de 2010 se suprime dicha opción, que quiebra el principio de unidad ortográfica, de modo que las palabras que pasan a considerarse monosílabas por contener este tipo de diptongos o triptongos ortográficos deben escribirse ahora obligatoriamente sin tilde.

Esta convención es solo ortográfica, por lo que no implica, en modo alguno, que los hablantes deban cambiar la manera en que pronuncian naturalmente estas voces, sea con hiato o con diptongo.

5. Eliminación de la tilde diacrítica en el adverbio solo y los pronombres demostrativos incluso en casos de posible ambigüedad

La palabra solo, tanto cuando es adverbio y equivale a solamente (Solo llevaba un par de monedas en el bolsillo) como cuando es adjetivo (No me gusta estar solo), así como los demostrativos este, ese y aquel, con sus femeninos y plurales, funcionen como pronombres (Este es tonto; Quiero aquella) o como determinantes (aquellos tipos, la chica esa), no deben llevar tilde según las reglas generales de acentuación, bien por tratarse de palabras llanas terminadas en vocal o en -s, bien, en el caso de aquel, por ser aguda y acabar en consonante distinta de n o s.

Aun así, las reglas ortográficas anteriores prescribían el uso de tilde diacrítica en el adverbio solo y los pronombres demostrativos para distinguirlos, respectivamente, del adjetivo solo y de los determinantes demostrativos, cuando en un mismo enunciado eran posibles ambas interpretaciones y podían producirse casos de ambigüedad, como en los ejemplos siguientes: Trabaja sólo los domingos [= ‘trabaja solamente los domingos’], para evitar su confusión con Trabaja solo los domingos [= ‘trabaja sin compañía los domingos’]; o ¿Por qué compraron aquéllos libros usados? (aquéllos es el sujeto de la oración), frente a ¿Por qué compraron aquellos libros usados? (el sujeto de esta oración no está expreso y aquellos acompaña al sustantivo libros).

Sin embargo, ese empleo tradicional de la tilde en el adverbio solo y los pronombres demostrativos no cumple el requisito fundamental que justifica el uso de la tilde diacrítica, que es el de oponer palabras tónicas o acentuadas a palabras átonas o inacentuadas formalmente idénticas, ya que tanto solo como los demostrativos son siempre palabras tónicas en cualquiera de sus funciones. Por eso, a partir de ahora se podrá prescindir de la tilde en estas formas incluso en casos de ambigüedad. La recomendación general es, pues, no tildar nunca estas palabras.

Las posibles ambigüedades pueden resolverse casi siempre por el propio contexto comunicativo (lingüístico o extralingüístico), en función del cual solo suele ser admisible una de las dos opciones interpretativas. Los casos reales en los que se produce una ambigüedad que el contexto comunicativo no es capaz de despejar son raros y rebuscados, y siempre pueden evitarse por otros medios, como el empleo de sinónimos (solamente o únicamente, en el caso del adverbio solo), una puntuación adecuada, la inclusión de algún elemento que impida el doble sentido o un cambio en el orden de palabras que fuerce una única interpretación.

6. Supresión de la tilde diacrítica en la conjunción disyuntiva o escrita entre cifras
Hasta ahora se venía recomendando escribir con tilde la conjunción disyuntiva o cuando aparecía entre dos cifras, a fin de evitar que pudiera confundirse con el cero. Este uso de la tilde diacrítica no está justificado desde el punto de vista prosódico, puesto que la conjunción o es átona (se pronuncia sin acento) y tampoco se justifica desde el punto de vista gráfico, ya que tanto en la escritura mecánica como en la manual los espacios en blanco a ambos lados de la conjunción y su diferente forma y menor altura que el cero evitan suficientemente que ambos signos puedan confundirse (1 o 2, frente a 102). Por lo tanto, a partir de este momento, la conjunción o se escribirá siempre sin tilde, como corresponde a su condición de palabra monosílaba átona, con independencia de que aparezca entre palabras, cifras o signos: ¿Quieres té o café?; Terminaré dentro de 3 o 4 días; Escriba los signos + o –en la casilla correspondiente.




7. Normas sobre la escritura de los prefijos (incluido ex-, que ahora recibe el mismo tratamiento ortográfico que los demás prefijos: exmarido, ex primer ministro)

Por primera vez se ofrecen en la ortografía académica normas explícitas sobre la escritura de las voces o expresiones prefijadas.
Los prefijos son elementos afijos, carentes de autonomía, que se anteponen a una base léxica (una palabra o, a veces, una expresión pluriverbal) a la que aportan diversos valores semánticos. Se resumen a continuación las normas que deben seguirse para la correcta escritura de los prefijos en español:

. Se escriben siempre soldados a la base a la que afectan cuando esta es univerbal, es decir, cuando está constituida por una sola palabra: antiadherente, antirrobo, antitabaco, cuasiautomático, cuasidelito, exalcohólico, exjefe, exministro, exnovio, expresidente, posmoderno, posventa, precontrato, prepago, proamnistía, probritánico, provida, superaburrido, superbién, supermodelo, vicealcalde, vicesecretario, etc. En este caso, no se consideran correctas las grafías en las que el prefijo aparece unido con guion a la palabra base ( anti-mafia, anti-cancerígeno) o separado de ella por un espacio en blanco ( anti mafia, anti cancerígeno). Si se forma una palabra anteponiendo a la base varios prefijos, estos deben escribirse igualmente soldados, sin guion intermedio: antiposmodernista, requetesuperguapo.

a. Se unen con guion a la palabra base cuando esta comienza por mayúscula, de ahí que se emplee este signo de enlace cuando el prefijo se antepone a una sigla o a un nombre propio univerbal: anti-ALCA, mini-USB, pos-Gorbachov, pro-Obama. El guion sirve en estos casos para evitar la anomalía que supone, en nuestro sistema ortográfico, que aparezca una minúscula seguida de una mayúscula en posición interior de palabra. También es necesario emplear el guion cuando la base es un número, con el fin de separar la secuencia de letras de la de cifras: sub-21, super-8.

b. Se escriben necesariamente separados de la base a la que afectan cuando esta es pluriverbal, es decir, cuando está constituida por varias palabras. Hay determinados prefijos, como ex-, anti- o pro-, que son especialmente proclives, por su significado, a unirse a bases de este tipo, ya se trate de locuciones o de grupos sintácticos, característica por la cual la gramática ha acuñado para ellos la denominación de prefijos separables: ex relaciones públicas, anti pena de muerte, pro derechos humanos. Esta misma circunstancia puede darse también con otros prefijos: pre Segunda Guerra Mundial, super en forma, vice primer ministro.

Así pues, un mismo prefijo se escribirá soldado a la base, unido a ella con guion o completamente separado en función de los factores arriba indicados: antimafia, anti-OTAN, anti ácido láctico; provida, pro-OLP, pro derechos humanos; supercansado, super-8, super en forma, etc.

Las normas aquí expuestas rigen para todos los prefijos, incluido ex-. Para este prefijo se venía prescribiendo hasta ahora la escritura separada —con independencia de la naturaleza simple o compleja de su base— cuando, con el sentido de ‘que fue y ya no es’, se antepone a sustantivos que denotan ocupaciones, cargos, relaciones o parentescos alterables y otro tipo de situaciones circunstanciales de las personas.

A partir de esta edición de la ortografía, ex- debe someterse a las normas generales que rigen para la escritura de todos los prefijos y, por tanto, se escribirá unido a la base si esta es univerbal (exjugador, exnovio, expresidente, etc.), aunque la palabra prefijada pueda llevar un complemento o adjetivo especificativo detrás: exjugador del Real Madrid, exnovio de mi hermana, expresidente brasileño, etc.; y se escribirá separado de la base si esta es pluriverbal: ex cabeza rapada, ex número uno, ex teniente de alcalde, ex primera dama, etc.

8. Equiparación en el tratamiento ortográfico de extranjerismos y latinismos, incluidas las locuciones

En la nueva ortografía se da cuenta de las normas que deben seguirse cuando se emplean en textos españoles palabras o expresiones pertenecientes a otras lenguas, siendo la principal novedad en este sentido la equiparación en el tratamiento ortográfico de todos los préstamos (voces o expresiones de otras lenguas que se incorporan al caudal léxico del español), con independencia de que procedan de lenguas vivas extranjeras (extranjerismos) o se trate de voces o expresiones latinas (latinismos).

De acuerdo con estas normas, los extranjerismos y latinismos crudos o no adaptados —aquellos que se utilizan con su grafía y pronunciación originarias y presentan rasgos gráfico-fonológicos ajenos a la ortografía del español— deben escribirse en los textos españoles con algún tipo de marca gráfica que indique su carácter foráneo, preferentemente en letra cursiva, o bien entre comillas. En cambio, los extranjerismos y latinismos adaptados —aquellos que no presentan problemas de adecuación a la ortografía española o que han modificado su grafía o su pronunciación originarias para adecuarse a las convenciones gráfico-fonológicas de nuestra lengua— se escriben sin ningún tipo de resalte y se someten a las reglas de acentuación gráfica del español:

Me encanta el ballet clásico / Me encanta el balé clásico.
Juego al paddle todos los domingos / Juego al pádel todos los domingos
La reunión se suspendió por falta de quorum / La reunión se suspendió por falta de cuórum.



Así pues, según la nueva ortografía, y tal como ilustra el último ejemplo, los préstamos del latín solo se escribirán en letra redonda y con sometimiento a las reglas de acentuación gráfica del español cuando estén completamente adaptados a nuestro sistema ortográfico, al igual que se hace con los préstamos de otros idiomas.

Por su parte, las locuciones o dichos en otras lenguas que se utilicen en textos españoles deben escribirse igualmente en cursiva —o, en su defecto, entre comillas— para señalar su carácter foráneo, su consideración de incrustaciones de otros idiomas en nuestra lengua:

La historia tuvo un happy end de película.
Su bien ganada fama de femme fatale le abría todas las puertas.
La tensión fue in crescendo hasta que, finalmente, estalló el conflicto.

Según se establece en la nueva edición de la ortografía, las locuciones latinas (expresiones pluriverbales fijas en latín que se utilizan en todas las lenguas de cultura occidentales, incluido el español, con un sentido más o menos cercano al significado literal latino) deben recibir el mismo tratamiento ortográfico que las provenientes de cualquier otra lengua. Por lo tanto, deben escribirse, de acuerdo con su carácter de expresiones foráneas, en cursiva (o entre comillas) y sin acentos gráficos, ya que estos no existen en la escritura latina:

Así fue, grosso modo, como acabó aquel asunto.
Se casó in articulo mortis con su novia de toda la vida.
Renunció motu proprio a todos sus privilegios.
Decidieron aplazar sine die las negociaciones.
El examen post mortem reveló indicios de envenenamiento.
Las grandes potencias eran partidarias de mantener el statu quo.

Nota: Las próximas ediciones del diccionario académico (DRAE) y el Diccionario panhispánico de dudas (DPD) reflejarán todas estas novedades.
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Leísmo, laísmo, loísmo
Para usar adecuadamente los pronombres átonos de 3.ª persona lo(s), la(s), le(s) según la norma culta del español general, debe tenerse en cuenta, en primer lugar, la función sintáctica que desempeña el pronombre y, en segundo lugar, el género y el número gramatical de la palabra a la que se refiere. En el siguiente cuadro se muestra la distribución de formas y funciones de estos pronombres:
singular plural
3.ª pers. compl. directo masc. lo
(también le, cuando el referente es un hombre)1 los
fem. la las
neutro lo 
compl. indirecto le
(o se ante otro pron. átono) les
(o se ante otro pron. átono)

1 En el Esbozo de una nueva gramática de la lengua española (RAE, 1973) se condena el leísmo referido a cosa, pero se permite el referido a persona masculina singular; el leísmo plural siempre ha sido censurado por la Academia, ya que su baja incidencia desde los textos castellanos más antiguos atestigua que tampoco lo ha sancionado nunca mayoritariamente el uso de los hablantes cultos.

A continuación se expone de forma sucinta la norma que rige el empleo de estos pronombres:

• Cuando el pronombre desempeña la función de complemento directo, deben usarse las formas lo, los para el masculino (singular y plural, respectivamente) y la, las para el femenino (singular y plural, respectivamente):
¿Has visto a Juan? Sí, lo vi ayer.
¿Has visto a Juan y a los niños? Sí, los he visto en el parque.
Compré la medicina y se la di sin que nadie me viera.
¿Has recogido a las niñas? Sí, las recogí antes de ir al taller.
[Dada la gran extensión en el uso de los hablantes cultos de ciertas zonas de España de la forma le cuando el referente es un hombre, se admite, únicamente para el masculino singular, el uso de le en función de complemento directo de persona: ¿Has visto a Jorge? Sí, le vi ayer en el parque].

• Cuando el pronombre desempeña la función de complemento indirecto, deben usarse las formas le, les (singular y plural, respectivamente), cualquiera que sea el género de la palabra a la que se refiera:
Le pedí disculpas a mi madre.
Le dije a su hermana que viniera.
Les di un regalo a los niños.
A pesar de la aparente simplicidad del sistema, existen casos excepcionales o aparentemente excepcionales dentro de la norma, así como una enorme variedad en cuanto a los usos efectivos en las distintas zonas hispanohablantes. Si se desea información pormenorizada, pueden consultarse los artículos LEÍSMO, LAÍSMO y LOÍSMO del Diccionario panhispánico de dudas, así como las entradas dedicadas a verbos que plantean problemas a los hablantes en cuanto a la selección de los pronombres átonos de tercera persona (avisar, ayudar, curar, disparar, escribir, llamar, molestar, obedecer, pegar, saludar, etc.).
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Había muchas personas, ha habido quejas, hubo problemas
Cuando el verbo haber se emplea para denotar la mera presencia o existencia de personas o cosas, funciona como impersonal y, por lo tanto, se usa solamente en tercera persona del singular (que en el presente de indicativo adopta la forma especial hay: Hay muchos niños en el parque). En estos casos, el elemento nominal que acompaña al verbo no es el sujeto (los verbos impersonales carecen de sujeto), sino el complemento directo. En consecuencia, es erróneo poner el verbo en plural cuando el elemento nominal se refiere a varias personas o cosas, ya que la concordancia del verbo la determina el sujeto, nunca el complemento directo. Así, oraciones como Habían muchas personas en la sala, Han habido algunas quejas o Hubieron problemas para entrar al concierto son incorrectas; debe decirse Había muchas personas en la sala, Ha habido algunas quejas, Hubo problemas para entrar al concierto.

[Más información en el Diccionario panhispánico de dudas, s/v haber, 4].
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Hubieron

La forma verbal hubieron es la que corresponde a la tercera persona del plural del pretérito perfecto simple o pretérito de indicativo del verbo haber: hube, hubiste, hubo, hubimos, hubisteis, hubieron.

USOS CORRECTOS:
Esta forma verbal se emplea, correctamente, en los casos siguientes:

• Para formar, seguida del participio del verbo que se está conjugando, la tercera persona del plural del tiempo compuesto denominado pretérito anterior o antepretérito de indicativo: hubieron terminado, hubieron comido, hubieron salido.

Este tiempo indica que la acción denotada por el verbo ha ocurrido en un momento inmediatamente anterior al de otra acción sucedida también en el pasado: Cuando todos hubieron terminado, se marcharon a sus casas; Apenas hubieron traspasado el umbral, la puerta se cerró de golpe. En el uso actual, este tiempo verbal aparece siempre precedido de nexos como cuando, tan pronto como, una vez que, después (de) que, hasta que, luego que, así que, no bien, apenas. Prácticamente no se emplea en la lengua oral y es hoy raro también en la escrita, pues en su lugar suele usarse, bien el pretérito perfecto simple o pretérito de indicativo (Cuando todos terminaron, se marcharon a sus casas), bien el pretérito pluscuamperfecto o antecopretérito de indicativo (Apenas habían traspasado el umbral, la puerta se cerró de golpe).

• Como forma de la tercera persona del plural del pretérito perfecto simple o pretérito de indicativo de la perífrasis verbal haber de + infinitivo, que denota obligación o necesidad y equivale a la más usual hoy tener que + infinitivo: El director y su equipo hubieron de recorrer muchos lugares antes de encontrar los exteriores apropiados para la película.
USO INCORRECTO:

• No se considera correcto el uso de la forma hubieron cuando el verbo haber se emplea para denotar la presencia o existencia de personas o cosas, pues con este valor haber es impersonal y, como tal, carece de sujeto (el elemento nominal que aparece junto al verbo es el complemento directo) y se usa solo en tercera persona del singular. Son, pues, incorrectas oraciones como Hubieron muchos voluntarios para realizar esa misión o No hubieron problemas para entrar al concierto; debe decirse Hubo muchos voluntarios para realizar esa misión o No hubo problemas para entrar al concierto.

[Véase Había muchas personas, ha habido quejas, hubo problemas en esta misma sección].
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Habemos

USOS INCORRECTOS:

• En la lengua culta actual, la primera persona del plural del presente de indicativo del verbo haber es hemos, y no la arcaica habemos, cuyo uso en la formación de los tiempos compuestos de la conjugación es hoy un vulgarismo propio del habla popular que debe evitarse en el habla culta; así, no debe decirse Habemos visto a tu hermano, sino Hemos visto a tu hermano.

• También debe evitarse en el habla culta el uso de habemos con el sentido de ‘somos o estamos’, puesto que el verbo haber, cuando se emplea para denotar la presencia o existencia de personas o cosas, es impersonal y, como tal, se usa solo en tercera persona del singular: Hay pocos solteros en el pueblo; Había tres personas en la habitación. Por lo tanto, si quien habla desea incluirse en la referencia, no debe emplear el verbo haber en primera persona del plural, como se hace a veces en el habla popular, recurriendo, para el presente de indicativo, a la forma habemos: Habemos pocos solteros en el pueblo, Habemos tres personas en la habitación; debe decirse Somos pocos solteros en el pueblo, Estamos tres personas en la habitación.

[Más información en el Diccionario panhispánico de dudas, s/v haber, 4]

USO CORRECTO:

• Solo es admisible hoy en la lengua culta el uso de la forma habemos como primera persona del plural del presente de indicativo de la expresión coloquial habérselas con una persona o cosa (‘enfrentarse a ella o tratar con ella a la fuerza’): Ya sabéis con quién nos las habemos; Nos las habemos con un asesino despiadado.
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Se venden casas, Se buscan actores frente a Se busca a los culpables

La palabra se sirve para formar dos tipos de oraciones, que no deben confundirse aunque tengan en común el hecho de no mencionar quién realiza la acción verbal:

a) ORACIONES DE PASIVA REFLEJA. En estas oraciones, la forma se precede a un verbo en tercera persona del singular o del plural, según sea singular o plural el elemento nominal que aparece junto al verbo y que es su sujeto gramatical. Por tratarse de una forma de pasiva, esta construcción solo se da con verbos transitivos: Se vende casa de campo / Se venden casas de campo. Normalmente el sujeto de estas oraciones denota cosa, pero puede denotar también persona indeterminada: Se buscan actores para la película.

b) ORACIONES IMPERSONALES. Se llaman así por carecer de sujeto gramatical y en ellas la forma se precede siempre a un verbo en tercera persona del singular. Esta construcción puede darse con verbos intransitivos (Se trabaja mejor en equipo), con verbos copulativos (Se está mejor solo que mal acompañado) o con verbos transitivos cuando llevan un complemento directo de persona precedido de la preposición a (Se busca a los culpables del crimen).

La confusión entre las oraciones de pasiva refleja (con el verbo en tercera persona del singular o del plural, concertando con el sujeto paciente) y las oraciones impersonales (carentes de sujeto y con el verbo inmovilizado en tercera persona del singular) únicamente puede darse con verbos transitivos, pues son los únicos que pueden generar ambos tipos de oraciones: Se buscan casas con jardín (pasiva refleja) / Se busca a los culpables (impersonal).

En caso de duda sobre cuándo utilizar una u otra construcción pueden resultar útiles las indicaciones siguientes:

• Si el elemento nominal sobre el que recae la acción verbal expresa cosa, debe emplearse la construcción de pasiva refleja; por tanto, el verbo ha de ir en plural si dicho elemento nominal es plural:

Se hacen fotocopias.
Se produjeron irregularidades.
Se reanudarán los trabajos de rehabilitación.

• Si el elemento nominal expresa persona y no va precedido de la preposición a, se emplea también la construcción de pasiva refleja:

Se buscan actores para la película.
Se contratarán nuevos trabajadores para el proyecto.
Se necesitan especialistas en informática.

• Si el elemento nominal expresa persona y va precedido de la preposición a, debe emplearse la construcción impersonal; por tanto, el verbo irá en singular aunque el elemento nominal sea plural:

Entre los gitanos se respeta mucho a los ancianos.
Se entrevistó a los candidatos para el puesto.
Se busca a quienes presenciaron lo ocurrido.
[Más información en el Diccionario panhispánico de dudas, s/v se, 2].
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Detrás de mí, encima de mí, al lado mío

En la lengua culta debe evitarse el uso de adverbios como cerca, detrás, delante, debajo, dentro, encima, enfrente con adjetivos posesivos; así pues, no debe decirse detrás mío, encima suya, etc., sino detrás de mí, encima de él, etc.

El origen de este error está en equiparar el complemento preposicional introducido por la preposición de (detrás de María) con los complementos de posesión, de estructura formalmente idéntica (la casa de María). Sin embargo, se trata de construcciones diferentes: en la primera (detrás de María), el núcleo del que depende el complemento preposicional es un adverbio (detrás), mientras que en la segunda (la casa de María) es un sustantivo (casa). Puesto que los adjetivos posesivos son modificadores del sustantivo, solo si el complemento encabezado por de depende de un sustantivo puede sustituirse sin problemas por un posesivo:

la casa de María = su casa o la casa suya.

Sin embargo, los adverbios no son susceptibles de ser modificados por un posesivo, de forma que no admiten la transformación descrita:
detrás de María no equivale a *su detrás, por lo que no es admisible decir detrás suya ni detrás suyo.

En consecuencia, para discernir si es o no correcta una expresión con posesivo, debemos fijarnos en la categoría de la palabra núcleo: si es un sustantivo, será correcta (puede decirse al lado mío, pues lado es un sustantivo); pero no será correcta si se trata de un adverbio (no puede decirse cerca mío, pues cerca es un adverbio).

Para no equivocarse, resulta útil saber que si se puede usar el posesivo átono antepuesto, la construcción con el posesivo tónico pospuesto será también válida:

Estoy al lado de María > Estoy a su lado > Estoy al lado suyo (CORRECTO)
Giraban alrededor de ti > Giraban a tu alrededor > Giraban alrededor tuyo (CORRECTO)
pero

Estoy detrás de María > *Estoy en su detrás > Estoy detrás suyo/suya (INCORRECTO).
Vive cerca de ti > *Vive en tu cerca > Vive cerca tuyo/tuya (INCORRECTO).

Por último, es importante señalar que el posesivo pospuesto debe concordar en género con el sustantivo al que modifica; así pues, debe decirse al lado suyo (y no al lado suya), puesto que el sustantivo lado es masculino.
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Dobles participios: imprimido/impreso, freído/frito, proveído/provisto
Los únicos verbos que en la lengua actual presentan dos participios, uno regular y otro irregular, son imprimir (imprimido/impreso), freír (freído/frito) y proveer (proveído/provisto), con sus respectivos derivados. Los dos participios pueden utilizarse indistintamente en la formación de los tiempos compuestos y de la pasiva perifrástica, aunque la preferencia por una u otra forma varíe en cada caso (véase
el Diccionario panhispánico de dudas, s/v imprimir, freír, proveer):
Hemos imprimido veinte ejemplares / Habían impreso las copias en papel fotográfico.
Nos hemos proveído de todo lo necesario / Se había provisto de víveres abundantes.
Las empanadillas han de ser freídas dos horas antes / Nunca había frito un huevo.
No debe asimilarse el caso de estos participios verbales irregulares con el del nutrido grupo de adjetivos procedentes de participios latinos, como abstracto (del latín abstractus, participio de abstrahere), atento (del lat. attentus, part. de attendere), confuso (del lat. confusus, part. de confundere), correcto (del lat. correctus, part. de corrigere), contracto (del lat. contractus, part. de contrahere), tinto (del lat. tinctus, part. de tingere), etc. Algunas de estas formas pueden haber funcionado como participios verbales en épocas pasadas del idioma, pero hoy funcionan solamente como adjetivos y, por lo tanto, no se usan en la formación de los tiempos compuestos ni de la voz pasiva de los verbos correspondientes (no se dice *Han contracto matrimonio o *Son correctos por el profesor, sino Han contraído matrimonio o Son corregidos por el profesor). Por lo tanto, la consideración de estos verbos como «verbos con doble participio» carece de justificación gramatical.
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Doble negación: no vino nadie, no hice nada, no tengo ninguna

En español existe un esquema particular de negación, que permite combinar el adverbio no con la presencia de otros elementos que tienen también sentido negativo.
Los adverbios nunca, jamás, tampoco, los indefinidos nadie, nada, ninguno, la locución en la/mi/tu/su vida y los grupos que contienen la palabra ni aparecen siempre en oraciones de sentido negativo. Si estos elementos van antepuestos al verbo, este no va acompañado del adverbio de negación no: Nunca voy al teatro; Él tampoco está de acuerdo; Jamás lo haré; Nadie lo sabe; Nada de lo que dice tiene sentido; Ninguno de ellos es actor; En su vida lo conseguirá; Ni su padre lo perdonaría. Pero si van pospuestos al verbo, este debe ir necesariamente precedido del adverbio no: No voy nunca al teatro; Él no está de acuerdo tampoco; No lo haré jamás; No lo sabe nadie; No tiene sentido nada de lo que dice; No es actor ninguno de ellos; No lo conseguirá en su vida; No lo perdonaría ni su padre. La concurrencia de esas dos «negaciones» no anula el sentido negativo del enunciado, sino que lo refuerza.
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Infinitivo por imperativo

Cuando se da una orden a una segunda persona (del singular o del plural), deben usarse las formas propias del imperativo, si la oración es afirmativa, o las formas correspondientes del subjuntivo, si la oración es negativa, va introducida por la conjunción que o se dirige a un interlocutor al que se trata de usted.
SINGULAR
Tómate toda la sopa y deja de protestar.
No te enfades y ponnos otro café.
Que te calles.
Hágame caso.
PLURAL
¡Venid aquí ahora mismo, granujas!
Poneos el pijama y dormíos cuanto antes.
No lleguéis tarde.
Que os estéis quietos.
Cierren la puerta y siéntense, por favor.
No se considera correcto, en el habla esmerada, el uso del infinitivo en lugar del imperativo para dirigir una orden a una segunda persona del plural, como se hace a menudo en el habla coloquial:
¡Venir aquí ahora mismo, granujas!
Poneros el pijama y dormiros cuanto antes.

Solo es válido el empleo del infinitivo con valor de imperativo dirigido a una segunda persona del singular o del plural cuando aparece precedido de la preposición a, uso propio de la lengua oral coloquial: ¡Tú, a callar!; Niños, a dormir.

No debe confundirse el empleo desaconsejable del infinitivo en lugar del imperativo de segunda persona del plural con la aparición del infinitivo con valor exhortativo en indicaciones, advertencias, recomendaciones o avisos dirigidos a un interlocutor colectivo e indeterminado, habituales en las instrucciones de uso de los aparatos, las etiquetas de los productos o los carteles que dan indicaciones, hacen recomendaciones de tipo cívico o prohíben determinadas acciones en lugares públicos: Consumir a temperatura ambiente; Depositar la basura en las papeleras; No fumar; Lavar a mano. Se trata, en estos casos, de estructuras impersonales en las que no se da una orden directa, sino que se pone de manifiesto una recomendación, una obligación o una prohibición de carácter general, en las que hay que sobrentender fórmulas del tipo Se debe consumir... / Es preciso consumirlo... / Hay que consumirlo... / Se recomienda consumirlo...; Debe depositarse la basura en las papeleras / Hay que depositar la basura a las papeleras; No se puede fumar / No se permite fumar; Debe lavarse a mano / Se recomienda lavarlo a mano.
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El agua, esta agua, mucha agua

El sustantivo agua es de género femenino, pero tiene la particularidad de comenzar por /a/ tónica (la vocal tónica de una palabra es aquella en la que recae el acento de intensidad: [água]). Por razones de fonética histórica, este tipo de palabras seleccionan en singular la forma el del artículo, en lugar de la forma femenina normal la. Esta regla solo opera cuando el artículo antecede inmediatamente al sustantivo, de ahí que digamos el agua, el área, el hacha; pero si entre el artículo y el sustantivo se interpone otra palabra, la regla queda sin efecto, de ahí que digamos la misma agua, la extensa área, la afilada hacha. Puesto que estas palabras son femeninas, los adjetivos deben concordar siempre en femenino: el agua clara, el área extensa, el hacha afilada (y no el agua claro, el área extenso, el hacha afilado).

Por su parte, el indefinido una toma generalmente la forma un cuando antecede inmediatamente a sustantivos femeninos que comienzan por /a/ tónica: un área, un hacha, un águila (si bien no es incorrecto, aunque sí poco frecuente, utilizar la forma plena una: una área, una hacha, una águila). Asimismo, los indefinidos alguna y ninguna pueden adoptar en estos casos las formas apocopadas (algún alma, ningún alma) o mantener las formas plenas (alguna alma, ninguna alma).

Al tratarse de sustantivos femeninos, con los demostrativos este, ese, aquel o con cualquier otro adjetivo determinativo, como todo, mucho, poco, otro, etc., deben usarse las formas femeninas correspondientes: esta hacha, aquella misma arma, toda el agua, mucha hambre, etc. (y no este hacha, aquel mismo arma, todo el agua, mucho hambre, etc.).
[Más información en el Diccionario panhispánico de dudas, s/v el, 2].
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Ir por agua o ir a por agua

El uso de la secuencia de preposiciones a por tras verbos que indican movimiento, como ir, venir, volver, salir, etc., con el sentido de ‘en busca de’, es hoy normal en el español de España, donde es corriente decir Ve a por agua, Salgo a por el pan, Volvió a por el paraguas. En el español de América, en cambio, este uso se percibe como anómalo y sigue siendo general allí el empleo exclusivo, en estos casos, de la preposición por: Ve por agua, Salgo por el pan, Volvió por el paraguas.

No hay razones lingüísticas para condenar el uso de a por, tan legítimo como el de otras combinaciones de preposiciones nunca censuradas, como para con, de entre, por entre, tras de, de por, etc. La secuencia a por (documentada ya en textos españoles de los siglos XVI y XVII) se explica por el cruce de las estructuras ir a un lugar (complemento de dirección) e ir por algo o alguien (‘en busca de’), ya que en esta última está también presente la idea de ‘movimiento hacia’.

Por otra parte, el uso de ambas preposiciones, frente al empleo aislado de por, resuelve en muchos casos problemas de ambigüedad; así, la oración Voy por mi hijo puede significar ‘voy a buscar a mi hijo’, ‘voy en lugar de mi hijo’, ‘voy en favor o por el bien de mi hijo’ o ‘voy porque me lo ha pedido mi hijo’; mientras que la oración Voy a por mi hijo solo puede significar ‘voy a buscar a mi hijo’.
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Sustantivo + a + infinitivo: temas a tratar, problemas a resolver, etc.

Estas estructuras, provenientes del francés, suelen considerarse inelegantes y normativamente poco recomendables. Sin embargo, en determinados ámbitos (en especial, el económico, el administrativo y el periodístico) han alcanzado una extensión notable, debido a su brevedad. Aunque se admite su empleo en determinados contextos (cantidad a ingresar, temas a tratar, problemas a resolver, etc.), no debe olvidarse que en muchas ocasiones su uso es superfluo y, por consiguiente, resulta preferible evitarlo.
[Para una explicación detallada de los usos incorrectos y de los admisibles, véase el Diccionario panhispánico de dudas, s/v a2, 3].
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Mayor / más mayor

Cuando mayor forma procedente del comparativo latino maior se emplea con verdadero valor comparativo, esto es, con el significado de ‘que excede a otra cosa en tamaño, cantidad, calidad o intensidad’ y, referido a persona, ‘que excede en edad a otra’, es incorrecta su combinación con más; así, El baño no es más mayor que la cocina o Mi hermano Pedro es más mayor que tú son oraciones incorrectas por El baño no es más grande/mayor que la cocina o Mi hermano Pedro es mayor que tú.

Pero mayor tiene, dentro del campo de la edad, sentidos en que funciona, no como forma comparativa de grande, sino como un verdadero adjetivo en grado positivo y, en esos casos, como el resto de los adjetivos, admite su combinación con marcas de grado como más.

Mayor carece de valor comparativo en los casos siguientes:

• Cuando se opone a pequeño y significa ‘de no poca edad’. Un niño puede decir Ya soy mayor, queriendo expresar, simplemente, que ya no se considera pequeño. Con este sentido mayor sí admite su combinación con marcas de grado, como más, muy o tan: Cuando seas más mayor, te compraremos una bicicleta; ¡Mira que tan mayor y todavía con chupete!

• Cuando se usa con el sentido más preciso de ‘adulto’: Cuando sea mayor, me iré de casa.

La existencia de estos usos no comparativos del adjetivo mayor permite que sean posibles e igualmente correctas, aunque de significado ligeramente diverso, las oraciones Cuando seas mayor (= cuando seas adulta), podrás ponerte ese vestido y Cuando seas más mayor (= cuando tengas más edad de la que tienes ahora), podrás ponerte ese vestido.

• Cuando significa ‘de edad avanzada’: En los autobuses hay que ceder el asiento a las personas mayores. También en este caso mayor admite su combinación con marcas de grado: Encontré a tu padre cansado, más mayor, casi un anciano.
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Palabras clave o palabras claves, copias pirata o copias piratas

En las construcciones formadas por dos sustantivos que constituyen una unidad léxica, en las que el segundo de ellos modifica al primero como si se tratara de un adjetivo, normalmente solo el primer sustantivo lleva marca de plural: horas punta, bombas lapa, faldas pantalón, ciudades dormitorio, pisos piloto, coches cama, hombres rana, niños prodigio, noticias bomba, sofás cama, etc. No obstante, hay casos en que el segundo sustantivo puede adquirir un funcionamiento plenamente adjetivo y adoptar también la marca de plural, como es característico en esta clase de palabras. Normalmente esto sucede cuando el segundo sustantivo puede funcionar, con el mismo valor, como atributo del primero en oraciones copulativas; esta es la razón de que pueda decirse Estados miembros, países satélites, empresas líderes, palabras claves o copias piratas (pues son posibles oraciones como Esos Estados son miembros de la UE, Estos países fueron satélites de la Unión Soviética, Esas empresas son líderes en su sector, Estas palabras son claves para entender el asunto, Las copias requisadas son piratas).

Es decir, tanto palabras clave o copias pirata como palabras claves o copias piratas son expresiones posibles y correctas. En el primer caso, clave y pirata están funcionando como sustantivos en aposición y no adoptan la marca de plural. En el segundo, están funcionando como adjetivos plenos (con el sentido de ‘fundamental’, en el caso de clave, y de ‘ilegal o no autorizado’, en el caso de pirata), de ahí que adopten la marca de plural en consonancia con el sustantivo plural al que modifican.
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La mayoría de los manifestantes, el resto de los alumnos, la mitad de los presentes, etc. + verbo

Cuando este tipo de estructuras funcionan como sujeto de una oración, a muchos hablantes se les plantean problemas a la hora de conjugar el verbo. En general, es posible poner el verbo tanto en singular (concordando con el sustantivo cuantificador singular: mayoría, mitad, minoría, resto, etc.) como en plural (concordando con el sustantivo plural que especifica de qué seres se trata: manifestantes, alumnos, trabajadores, etc.), siendo más habitual la concordancia en plural:
La mayoría de los manifestantes gritaba consignas / La mayoría de los manifestantes gritaban consignas.

La mitad de los alumnos aprobó / La mitad de los alumnos aprobaron.
El resto de los profesores irá a la huelga / El resto de los profesores irán a la huelga.

Pero si el verbo lleva un atributo o un complemento predicativo (es decir, un elemento que, formando parte del predicado, atribuye cualidades o estados a la entidad designada por el sujeto), solo es normal poner el verbo en plural, pues el atributo o el predicativo deben concordar asimismo en plural con el sustantivo plural al que se refieren:

La mayoría de sus hijos eran altos.
La mitad de los cajones estaban vacíos.
La mayor parte de los excursionistas llegaron cansados.
[Más información sobre problemas de concordancia en el Diccionario panhispánico de dudas, s/v CONCORDANCIA].
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Veintiuna personas, veintiuno por ciento

El numeral uno, una se apocopa en la forma un únicamente cuando antecede a sustantivos masculinos: un libro, un coche; o a sustantivos femeninos que comienzan por /a/ tónica (una vocal es tónica cuando en ella recae el acento prosódico o de intensidad): un águila, un alma, un hacha; pero no se apocopa nunca cuando antecede a sustantivos femeninos que no comienzan por /a/ tónica: una amapola, una mujer, una novela.

Consecuentemente, todos los numerales compuestos que contienen el numeral simple uno, una se comportan de la misma manera y solo se apocopan ante sustantivos masculinos y ante sustantivos femeninos que comienzan por /a/ tónica. Por lo tanto, igual que decimos una mujer, una amapola, debemos decir veintiuna mujeres, treinta y una amapolas (y no veintiún mujeres, treinta y un amapolas).

Asimismo, debe decirse uno por ciento, veintiuno por ciento, treinta y uno por ciento (y no un por ciento, veintiún por ciento, treinta y un por ciento), ya que el numeral uno, una solo se apocopa ante determinado tipo de sustantivos, y por es una preposición.
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Veintiuna mil personas o veintiún mil personas

Los numerales compuestos que contienen el numeral simple uno, una concuerdan en género con el sustantivo al que determinan cuando lo preceden inmediatamente, por eso debe decirse veintiuna personas, treinta y una toneladas (y no veintiún personas, treinta y un toneladas). [Para los casos de apócope, véase Veintiuna personas, veintiuno por ciento en esta misma sección].

Pero cuando entre el numeral y un sustantivo femenino se interpone la palabra mil, la concordancia de género es opcional, por lo que puede decirse tanto veintiún mil personas, treinta y un mil toneladas, como veintiuna mil personas, treinta y una mil toneladas.

La concordancia en femenino (veintiuna mil personas, treinta y una mil toneladas) se está imponiendo en el uso actual por influjo de la que obligatoriamente establecen los numerales de la serie de las centenas, que acomodan siempre su género al del sustantivo, lo precedan inmediatamente o no (setecientas toneladas, setecientas mil toneladas).
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Los miles de personas

Como sustantivo, la palabra mil es de género masculino y se usa, en singular, para designar el propio número: Después del novecientos noventa y nueve viene el mil. En plural significa ‘millares’ y va normalmente seguido de un complemento especificativo introducido por la preposición de: Había miles de personas en la puerta del estadio. Puesto que se trata de un sustantivo masculino, los determinantes que lo acompañen deben ir también en masculino: los miles de personas, unos miles de personas, esos miles de personas (y no las miles de personas, unas miles de personas, esas miles de personas).
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Los ciudadanos y las ciudadanas, los niños y las niñas

Este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico. En los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del uso genérico del masculino para designar la clase, es decir, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: Todos los ciudadanos mayores de edad tienen derecho a voto.

La mención explícita del femenino se justifica solo cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto: El desarrollo evolutivo es similar en los niños y las niñas de esa edad. La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas. Por tanto, deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos.

El uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino. Por ello, es incorrecto emplear el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de individuos de cada sexo que formen parte del conjunto. Así, los alumnos es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones.

[Más información sobre esta cuestión y otras relacionadas con el género gramatical, en el Diccionario panhispánico de dudas, s/v GÉNERO2].
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India o la India, de Perú o del Perú

Muchos nombres de países pueden usarse opcionalmente precedidos de artículo: (el) Canadá, (los) Estados Unidos, (la) India, (el) Líbano, (el) Perú, etc., siendo diferente en cada caso la preferencia mayoritaria por una u otra opción. En estos topónimos el artículo no forma parte del nombre propio, por lo que se escribe con minúscula y se amalgama con las preposiciones a y de dando lugar a las contracciones al y del:

Nunca he estado en la India / Nunca he estado en India.

Viajó al Canadá / Viajó a Canadá.
Vengo del Perú / Vengo de Perú.
Otros topónimos, en cambio, no admiten su uso con artículo: Iremos a Chile, Han vuelto de Egipto, No conozco Noruega.
Para saber qué nombres de países admiten el uso opcional con artículo, puede consultarse el Apéndice 5: Lista de países y capitales, con sus gentilicios del Diccionario panhispánico de dudas. En dicha lista, en los nombres de países que pueden usarse precedidos de artículo, este aparece entre paréntesis detrás del topónimo.

Existen, además, algunos topónimos en los que el artículo es parte indisociable del nombre propio. En esos casos, el artículo se escribe con mayúscula inicial y no se amalgama en la escritura con las preposiciones a y de:

Lo conocí en La Habana.
Volverá a El Cairo el mes que viene.
Vengo de El Salvador.

[Más información en el Diccionario panhispánico de dudas, s/v el, 5 y MAYÚSCULAS, 4.7, así como en los artículos dedicados específicamente a diversos topónimos].
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Plural de las siglas: las ONG, unos DVD

En español, las siglas son invariables en la lengua escrita, es decir, no modifican su forma cuando designan más de un referente. El plural se manifiesta en las palabras que las introducen o que las modifican: varias ONG europeas, unos DVD, los PC. Por eso es recomendable utilizar siempre un determinante para introducir la sigla cuando esta ha de expresar pluralidad:

La medida ha sido apoyada por diferentes ONG del país.

¿Con cuántos PC portátiles podemos contar?
Tengo muchos CD de este tipo de música.
Debe evitarse el uso, copiado del inglés, de realizar el plural de las siglas añadiendo al final una s minúscula, con o sin apóstrofo: PC’s, ONG’s, PCs, ONGs.
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Tilde en las mayúsculas

Las letras mayúsculas deben escribirse con tilde si les corresponde llevarla según las reglas de acentuación gráfica del español, tanto si se trata de palabras escritas en su totalidad con mayúsculas como si se trata únicamente de la mayúscula inicial:
Su hijo se llama Ángel.
ADMINISTRACIÓN
ATENCIÓN, POR FAVOR.

La Real Academia Española nunca ha establecido una norma en sentido contrario.
La acentuación gráfica de las letras mayúsculas no es opcional, sino obligatoria, y afecta a cualquier tipo de texto. Las únicas mayúsculas que no se acentúan son las que forman parte de las siglas; así, CIA (sigla del inglés Central Intelligence Agency) no lleva tilde, aunque el hiato entre la vocal cerrada tónica y la vocal abierta átona exigiría, según las reglas de acentuación, tildar la i.
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Tilde en solo

V. Principales novedades de la última edición de la Ortografía de la lengua española (2010).
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Tilde en los demostrativos este, ese, aquel, etc.
V. Principales novedades de la última edición de la Ortografía de la lengua española (2010).
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Tilde en las formas verbales con pronombres átonos: deme, estate, mirándolo, etc.
Las formas verbales seguidas de pronombres átonos (me, te, lo, la, los, las, le, les, se, nos, os) se escriben y se pronuncian como una sola palabra. Desde la ortografía académica de 1999, estas palabras se someten como las demás a las reglas de acentuación gráfica del español, sin constituir ninguna excepción. Así, formas como estate, deme, detente o arrepintiose se deben escribir sin tilde por ser palabras llanas terminadas en vocal; formas como riéndonos, míralas, cállate o decídselo se escriben con tilde por ser esdrújulas; y oídle, subíos o sonreírte, por contener hiatos de vocal cerrada tónica y abierta átona (o a la inversa).

También las formas del imperativo de segunda persona del singular características del voseo deben someterse a las reglas de acentuación gráfica del español, tanto si se utilizan seguidas de pronombres átonos como si no. Así, si estas formas se usan sin pronombre añadido, llevan tilde por tratarse de palabras agudas acabadas en vocal: contá, pensá, mirá, bebé, salí; si se les añade un pronombre, dejan de escribirse con tilde por convertirse en palabras llanas acabadas en vocal o en -s: contame, pensalo, miranos, bebelo, salite (pronunciadas [kontáme, pensálo, mirános, bebélo, salíte]); y si se les añaden dos pronombres, se escriben con tilde por convertirse en palabras esdrújulas: contámela, pensátelo, miránoslos, bebételo.
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Tilde en qué, cuál/es, quién/es, cómo, cuán, cuánto/a/os/as, cuándo, dónde y adónde
Las palabras qué, cuál/es, quién/es, cómo, cuán, cuánto/a/os/as, cuándo, dónde y adónde son tónicas y se escriben con tilde diacrítica cuando tienen sentido interrogativo o exclamativo. Estas palabras, por sí solas o precedidas de alguna preposición, introducen oraciones interrogativas o exclamativas directas:

¿Qué ha dicho?
¡Con qué seriedad trabaja!
¿Con cuál se queda usted?
¿De quién es esto?
¡Cómo ha crecido este niño!
¡Cuán bello es este paisaje!
¿Cuántos han venido?
¿Hasta cuándo os quedáis?
¿Adónde quieres ir?

También introducen oraciones interrogativas o exclamativas indirectas, integradas en otros enunciados:
Ya verás qué bien lo pasamos.
Le explicó cuáles eran sus razones.
No sé quién va a venir.
No te imaginas cómo ha cambiado todo.
La nota indica cuándo tienen que volver.
Voy a preguntar por dónde se va al castillo.
Además, pueden funcionar como sustantivos:
En este trabajo lo importante no es el qué, sino el cuánto.
Ahora queda decidir el cómo y el cuándo de la intervención.
Sin embargo, cuando estas mismas palabras funcionan como adverbios o pronombres relativos o, en el caso de algunas de ellas, también como conjunciones, son átonas (salvo el relativo cual, que es tónico cuando va precedido de artículo) y se escriben sin tilde:
El jefe, que no sabía nada, no supo reaccionar.
Esta es la razón por la cual no pienso participar.
Ha visto a quien tú sabes.
Cuando llegue ella, empezamos.
¿Estás buscando un lugar donde dormir?
No dijo que estuviese en paro.
¡Que aproveche!

Aunque los relativos, presenten o no antecedente expreso, son normalmente átonos y se escriben sin tilde, hay casos en que pueden pronunciarse tanto con acento prosódico como sin él. Esta doble posibilidad se da cuando los relativos introducen subordinadas relativas sin antecedente expreso, siempre que el antecedente implícito sea indefinido y tenga carácter inespecífico (una persona, alguien, algo, algún lugar, nadie, nada, etc.). Esto ocurre cuando la oración de relativo sin antecedente depende de verbos como haber, tener, buscar, encontrar, necesitar, etc., que admiten complementos indefinidos de carácter inespecífico. En estos casos es aceptable escribir el relativo tanto con tilde, reflejando la pronunciación tónica, como sin ella, representando la pronunciación átona.

El problema es que no hay con qué/que alimentar a tanta gente.
Ya ha encontrado quién/quien le quiera y no necesita nada más.
Buscó dónde/donde sentarse, pero no había asientos libres.
No tenía cómo/como defenderse de las acusaciones.
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Porqué / porque / por qué / por que

a) porqué
Es un sustantivo masculino que equivale a causa, motivo, razón, y se escribe con tilde por ser palabra aguda terminada en vocal. Puesto que se trata de un sustantivo, se usa normalmente precedido de artículo u otro determinante:
No comprendo el porqué de tu actitud [= la razón de tu actitud].
Todo tiene su porqué [= su causa o su motivo].
Como otros sustantivos, tiene plural:
Hay que averiguar los porqués de este cambio de actitud.
b) por qué

Se trata de la secuencia formada por la preposición por y el interrogativo o exclamativo qué (palabra tónica que se escribe con tilde diacrítica para distinguirla del relativo y de la conjunción que). Introduce oraciones interrogativas y exclamativas directas e indirectas:

¿Por qué no viniste ayer a la fiesta?
No comprendo por qué te pones así.
¡Por qué calles más bonitas pasamos!
Obsérvese que, a diferencia del sustantivo porqué, la secuencia por qué no puede sustituirse por términos como razón, causa o motivo.

c) porque
Se trata de una conjunción átona, razón por la que se escribe sin tilde. Puede usarse con dos valores:

• Como conjunción causal, para introducir oraciones subordinadas que expresan causa, caso en que puede sustituirse por locuciones de valor asimismo causal como puesto que o ya que:

No fui a la fiesta porque no tenía ganas [= ya que no tenía ganas].
La ocupación no es total, porque quedan todavía plazas libres [= puesto que quedan todavía plazas libres].
También se emplea como encabezamiento de las respuestas a las preguntas introducidas por la secuencia por qué:
—¿Por qué no viniste? —Porque no tenía ganas.
Cuando tiene sentido causal, es incorrecta su escritura en dos palabras.

• Como conjunción final, seguida de un verbo en subjuntivo, con sentido equivalente a para que:
Hice cuanto pude porque no terminara así [= para que no terminara así].
En este caso, se admite también la grafía en dos palabras (pero se prefiere la escritura en una sola):
Hice cuanto pude por que no terminara así.

d) por que
Puede tratarse de una de las siguientes secuencias:

• La preposición por + el pronombre relativo que. En este caso es más corriente usar el relativo con artículo antepuesto (el que, la que, etc.):
Este es el motivo por (el) que te llamé.
Los premios por (los) que competían no resultaban muy atractivos.
No sabemos la verdadera razón por (la) que dijo eso.

• La preposición por + la conjunción subordinante que. Esta secuencia aparece en el caso de verbos, sustantivos o adjetivos que rigen un complemento introducido por la preposición por y llevan además una oración subordinada introducida por la conjunción que:

Al final optaron por que no se presentase.
Están ansiosos por que empecemos a trabajar en el proyecto.
Nos confesó su preocupación por que los niños pudieran enfermar.
[Véase el Diccionario panhispánico de dudas, s/v porque y porqué].
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A ver / haber

Aunque a ver y haber se pronuncian de la misma forma, deben distinguirse adecuadamente en la escritura.

a) a ver
Se trata de la secuencia constituida por la preposición a y el infinitivo verbal ver:
Vete a ver qué nota te han puesto.
Los llevaron a ver los monumentos de la ciudad.
Como expresión fija, presenta distintos valores y usos:

• En tono interrogativo, se emplea para solicitar al interlocutor que nos deje ver o comprobar algo:
—Mira lo que he comprado. —¿A ver?

• Expresa, en general, expectación o interés por saber algo, y va normalmente seguida de una interrogativa indirecta:
A ver cuándo nos dan los resultados.

• Se utiliza para llamar la atención del interlocutor antes de preguntarle, pedirle u ordenarle algo:
A ver, ¿has hecho lo que te dije?
A ver, trae el cuaderno.

• Equivale a claro o naturalmente, como aceptación de algo que se considera inevitable:
—Pero ¿al final os vais? —¡A ver! Si no lo hacemos, perdemos el dinero de la reserva.

• Delante de una oración introducida por la conjunción si, expresa, bien expectación, curiosidad o interés, a veces en forma de reto; bien temor o sospecha; bien deseo o mandato:
¡A ver si adivinas lo que estoy pensando!
A ver si te caes.
A ver si eres más organizado de ahora en adelante.
En muchos de estos casos la secuencia a ver puede reemplazarse por veamos, lo que pone de manifiesto su relación con el verbo ver y no con el verbo haber:
A ver con quién aparece mañana en la fiesta [= Veamos con quién aparece mañana en la fiesta].
A ver si te atreves a decírselo a la cara [= Veamos si te atreves a decírselo a la cara].

b) haber
Puede ser un verbo o un sustantivo:

• Como verbo, haber se usa como auxiliar, seguido de un participio, para formar los infinitivos compuestos de la conjugación:
Haber venido antes.
Tiene que haber sucedido algo.
Sigo sin haber entendido lo que ha pasado.
También se emplea como infinitivo del verbo impersonal que denota la presencia o existencia de lo designado por el sustantivo que lo acompaña:
Parece haber un chico esperándote en la puerta.
Tiene que haber muchas cosas en el frigorífico.

• Como sustantivo, haber es masculino y significa, en general, ‘conjunto de bienes o caudales de una persona’:
Su haber era más bien escaso.
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Has / haz

Aunque en zonas de seseo has y haz se pronuncian de la misma forma, deben distinguirse adecuadamente en la escritura.

a) has
Se trata de la forma correspondiente a la segunda persona del singular del presente de indicativo del verbo haber (yo he, tu/vos has, él ha, nosotros hemos, vosotros habéis, ellos/ustedes han), con el que se forman los tiempos compuestos de la conjugación. Así, la forma has, seguida del participio en -o del verbo que se está conjugando, da lugar a la segunda persona del singular del pretérito perfecto compuesto (o antepresente) del modo indicativo:
Has llegado tarde.
¿Has ido a ver a tu padre?

Esta forma se emplea además como segunda persona del singular del presente de indicativo de la perífrasis verbal haber de + infinitivo, que denota obligación o necesidad y equivale a la más frecuente hoy tener que + infinitivo:
Has de estudiar más. [= Tienes que estudiar más].
Has de saber que serás castigado. [= Tienes que saber que serás castigado].

b) haz
Como verbo, se trata de la forma de imperativo correspondiente al pronombre tú del verbo hacer:
Haz lo que te digo o no te dejaré salir.
Haz lo que tengas que hacer.
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Halla / haya / aya

La mayor parte de los hispanohablantes pronuncian estas tres palabras de la misma forma, ya que está muy generalizada la pérdida de la distinción de los sonidos que representan las grafías ll e y. Pero conviene distinguirlas adecuadamente en la escritura:

a) haya
Puede ser un verbo o un sustantivo:

• Como verbo, es la forma de primera o tercera persona del singular del
presente de subjuntivo del verbo haber. Con este valor se utiliza, bien seguida de un participio para formar el pretérito perfecto (o antepresente) de subjuntivo del verbo que se esté conjugando (haya visto, haya mirado, etc.), bien como verbo de una oración impersonal:

Espero que Luis haya aprobado.
No cree que el niño se haya vestido solo.
Quizá haya algo que podamos hacer.
Si estas oraciones se expresasen en otro tiempo verbal, la forma haya sería reemplazada por otra forma del verbo haber:
Esperaba que esta vez Luis hubiese aprobado.
No creía que el niño se hubiese vestido solo.
Quizá habría algo que pudiéramos hacer.

• Como sustantivo, es femenino y designa un tipo de árbol:
Hay que podar el haya del jardín.
Se sentó a la sombra de una frondosa haya.

b) halla
Es la forma de la tercera persona del singular del presente de indicativo, o la segunda persona (tú) del singular del imperativo, del verbo hallar(se), que significa ‘encontrar(se)’:
No sé cómo lo hace, pero halla siempre una excusa perfecta para no ir.
La sede de la organización se halla en París.
La flora se halla constituida por diferentes especies.
Halla la hipotenusa del siguiente triángulo rectángulo.
Obsérvese que en estos casos la palabra halla se puede sustituir por la forma encuentra:
No sé cómo lo hace, pero encuentra siempre una excusa perfecta para no ir.
La sede de la organización se encuentra en París.
La flora se encuentra constituida por diferentes especies.
Encuentra la hipotenusa del siguiente triángulo rectángulo.

c) aya
Es un sustantivo femenino que significa ‘mujer encargada en una casa del cuidado y educación de los niños o jóvenes’:
Aún se acordaba del aya sabia y cariñosa de su infancia.
La vieja aya seguía llevando a los niños al parque.
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Echo, echa, echas / hecho, hecha, hechas

Todas las formas del verbo echar (que significa, a grandes rasgos, ‘tirar’, ‘poner o depositar’ y ‘expulsar’) se escriben sin h:
Siempre echo los papeles a la papelera.
Si echas más sal al guiso lo estropeas.
Hay que echar la carta al buzón.
Tienes suerte si no te echa de aquí ahora mismo.
El verbo echar forma parte de la locución echar de menos, que significa ‘añorar’:
Te echo de menos.
¿Me habéis echado de menos?

O de la locución echar a perder, que significa ‘estropear’:
Siempre lo echas todo a perder.
También de la perífrasis echar a + infinitivo, que indica el comienzo de la acción expresada por el infinitivo:
Siempre se echa a reír en el momento más inoportuno.
Casi me echo a llorar.

Aunque se pronuncian igual, no deben confundirse en la escritura las formas echo, echas, echa, del verbo echar, que se escriben sin h, y las formas hecho, hecha, hechas, del participio del verbo hacer, que se escriben con h, al igual que el sustantivo masculino hecho (‘cosa que se hace o que sucede’), tanto cuando se utiliza como tal, como cuando forma parte de la locución de hecho (‘efectivamente, en realidad’):

¿Has hecho lo que te dije?
Aunque iba con prisa, dejó hecha la cama.
Ya están hechas las tortillas.
El hecho es que hemos solucionado el problema.
Quería olvidarla. De hecho, intenté no volver a verla.
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El abecedario y los dígrafos ch y ll

El abecedario español está hoy formado por las veintisiete letras siguientes: a, b, c, d, e, f, g, h, i, j, k, l, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, z.
Solo son propiamente letras los grafemas, esto es, los signos gráficos simples. Por esta razón, no deben formar parte del abecedario las secuencias de grafemas que se emplean para representar ciertos fonemas, como ch, ll, gu (ante e, i), qu (ante e, i) y rr.

Desde la segunda edición de la ortografía académica, publicada en 1754, venían considerándose letras del abecedario español los dígrafos ch y ll, seguramente porque cada uno de ellos se usaba para representar de forma exclusiva y unívoca un fonema del español (antes de que la extensión del yeísmo alcanzara los niveles actuales y diera lugar a que hoy el dígrafo ll represente dos fonemas distintos, según que el hablante sea o no yeísta). Es cierto que se diferenciaban en esto de los demás dígrafos, que nunca han representado en exclusiva sus respectivos fonemas: el fonema /g/ lo representa también la letra g (gato, goma, gula, agnóstico, tuareg); el fonema /k/ se escribe además con c (cama, cola, cuento, acto, coñac) y con k (karaoke, anorak); y el fonema /rr/ se representa con r en posición inicial de palabra o detrás de consonante con la que no forma sílaba (rama, alrededor, enredo).
Sin embargo, este argumento no es válido desde la moderna consideración de las letras o grafemas como las unidades mínimas distintivas del sistema gráfico, con independencia de que representen o no por sí solas una unidad del sistema fonológico. Por lo tanto, a partir de la publicación de la Ortografía de 2010, los dígrafos ch y ll han dejado de ser considerados letras del abecedario español, lo que no significa, naturalmente, que hayan desaparecido de su sistema gráfico; es decir, estas combinaciones seguirán utilizándose como hasta ahora en la escritura de las palabras españolas. El cambio consiste, simplemente, en reducir el alfabeto a sus componentes básicos, ya que los dígrafos no son sino combinaciones de dos letras, ya incluidas de manera individual en dicho inventario. Con ello, el español se asimila al resto de las lenguas de escritura alfabética, en las que solo se consideran letras del abecedario los signos simples, aunque en todas ellas se empleen determinadas combinaciones de grafemas para representar algunos fonemas.
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Mayúscula o minúscula en los meses, los días de la semana y las estaciones del año

Salvo que la mayúscula venga exigida por la puntuación (a comienzo de texto o después de punto), los nombres de los días de la semana, de los meses y de las estaciones del año se escriben en español con minúscula inicial:
Nació el pasado martes, 22 de noviembre.
En Caracas, a 6 de mayo de 2005.
Esta primavera ha llovido mucho.

Solo se inician con mayúscula cuando forman parte de nombres que exigen la escritura de sus componentes con mayúscula inicial, como ocurre con los nombres de festividades, fechas o acontecimientos históricos, vías urbanas, edificios, etc.: Viernes Santo, Primavera de Praga, plaza del Dos de Mayo, Hospital Doce de Octubre.
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Normas para la escritura de prefijos

V. Principales novedades de la última edición de la Ortografía de la lengua española (2010).
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Ortografía de los signos de interrogación y exclamación

A diferencia de lo que ocurre en otras lenguas, los signos de interrogación y exclamación son signos dobles en español, como los paréntesis o los corchetes. Por tanto, es incorrecto prescindir del signo de apertura en los enunciados interrogativos o exclamativos:

¿Quién le ha llamado? (no Quién le ha llamado?).
¡Qué prisa tienes! (no Qué prisa tienes!).

Por otra parte, después del signo de cierre de interrogación o exclamación se puede escribir cualquier signo de puntuación salvo el punto:

¡Ah!, olvidaba darte esto.
¿Han terminado ya de preparar la mesa?
—¿Qué vamos a comer? —preguntó.
Cuando los signos de cierre (? !) constituyen el final del enunciado, la palabra que sigue se escribe con mayúscula inicial.
¿Dónde está el restaurante? Olvidé mirarlo en la guía.
¡Qué frío! Coge el abrigo y la bufanda.
[Más información en el Diccionario panhispánico de dudas, s/v INTERROGACIÓN Y EXCLAMACIÓN (SIGNOS DE)].
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Cambio de la y copulativa en e

La conjunción copulativa y toma la forma e ante palabras que empiezan por el sonido vocálico /i/ (i- o hi- en la escritura): Eres único e irrepetible; Necesito aguja e hilo.

Excepciones:
• Cuando al sonido /i/ le sigue una vocal con la que forma diptongo: La mesa es de madera y hierro (no de madera e hierro).
Con aquellas palabras que, como hiato o ion, pueden articularse con hiato ([i - á - to], [i - ón]) o con diptongo ([yá - to], [yón]), es válido el uso de e (si se pronuncia un hiato) o de y (si se pronuncia un diptongo): diptongo e hiato o diptongo y hiato; moléculas e iones o moléculas y iones.
• Cuando la conjunción se hace tónica y adquiere un valor adverbial en oraciones interrogativas: ¿Y Inés? (‘¿dónde está Inés?’ o ‘¿qué tal Inés?’).
Si la palabra que sigue a la conjunción no es española y comienza por el sonido vocálico /i/, sigue vigente la regla, aunque por tratarse de una voz extranjera el sonido /i/ inicial no se escriba como i o hi:
Escriba su teléfono e e-mail (la e de e-mail se pronuncia [i] en inglés).
Paralelamente, la conjunción copulativa mantiene la forma y si la voz que la sigue no empieza con el sonido /i/, aunque gráficamente se escriba con i- o hi-:
En esa fecha se produjo el encuentro entre Franco y Hitler (el apellido alemán Hitler se pronuncia con h aspirada).
Hasta el momento ha sacado dos discos: Life y I adore you (I se pronuncia [ái] en inglés).
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Cambio de la o disyuntiva en u

La conjunción disyuntiva o toma la forma u ante palabras que empiezan por el sonido vocálico /o/ (o- u ho- en la escritura): unos u otros, minutos u horas, ordenar u organizar.

Cuando la conjunción disyuntiva o va seguida de una expresión numérica que empieza por la cifra 8, como 8, 80, 81, 800, etc., también debe adoptar la forma u, tanto en la lectura como en la escritura, porque las palabras que representan estas cifras (ocho, ochenta, ochenta y uno, ochocientos...) empiezan por el sonido /o/: 700 u 800.

La conjunción o también se transforma en u si la palabra que sigue comienza por /o/
en las correlaciones disyuntivas, en las que aparece una conjunción ante cada una de las opciones posibles: Los hornos antiguos eran o circulares u ovalados; La disyuntiva era clara: u obteníamos beneficios pronto o habría que cerrar la empresa.
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División silábica y ortográfica de palabras con tl

En la mayor parte de la España peninsular y en Puerto Rico, la secuencia consonántica tl se articula pronunciando cada consonante en una sílaba distinta. Así, palabras como atleta o Atlántico se dividen en sílabas de la siguiente manera: at - le - ta, At - lán - ti - co.

En cambio, en casi toda Hispanoamérica —especialmente en México y en los territorios donde se emplean voces de origen náhuatl, en las que este grupo es inseparable (tla - co - te, cen - zon - tle)—, en Canarias y en algunas áreas españolas peninsulares, estas dos consonantes se pronuncian dentro de la misma sílaba. En este caso, las palabras atleta y Atlántico se dividen en sílabas de la siguiente manera: a - tle - ta, A - tlán - ti - co.

Consecuentemente, las palabras con tl se dividirán con guion de final de línea según el modo como articule el que escribe esta secuencia de consonantes: si las pronuncia en dos sílabas, dividirá at- / leta; si las pronuncia en la misma sílaba, atle- / ta.
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De 2007 o del 2007

En la datación de cartas y documentos, el uso prefiere desde la Edad Media expresar los años sin artículo:
8 de enero de 1681
En Toledo, a 19 de diciembre de 1999.
Esta es, por tanto, la fórmula recomendada en el caso de la datación de cartas y documentos para indicar los años a partir del 2000:
Quito, 9 de abril de 2007
Esta recomendación no implica que se considere incorrecto utilizar el artículo en estos casos:
Quito, 9 de abril del 2007
Naturalmente, si se menciona expresamente la palabra año, resulta obligado anteponer el artículo: 5 de mayo del año 2000.
Cuando se menciona el año 2000 o los años sucesivos en un texto, fuera de las fórmulas utilizadas en la datación de cartas y documentos, se tiende, en el habla espontánea, a usar el artículo delante del año:
Este documento fue revisado en febrero del 2002.
La inauguración está prevista para el 2008.
Pero también es posible, en estos casos, el uso sin artículo:
Este documento fue revisado en febrero de 2002.
La inauguración está prevista para 2008.
[Más información en el Diccionario panhispánico de dudas, s/v FECHA, 4].



¡Uff!, un verdadero curso (diplomado?) de ortografía, pero está muy interesante, seguro que sí.

sábado, 14 de enero de 2012

AFRICA: CONOZCAMOSLA UN POCO PRIMERO Y LUEGO ... LLOREMOS SU DESDICHA

Desde hace algún tiempo estaba por re-untarme bien untado de los olores del Africa, a la cual los europeDos han expoliado hasta la saciedad y ... ahora que ese patio trasero está desbordándoseles no encuentran cómo atajarlos, pero que TIENEN que remediar debidamente sus extralimitaciones e injusticias LO TIENEN que hacer, así se tengan que impregnar del aroma de los negros. El presente material es de la autoría del licenciado OSCAR MATEOS, yo simplemente lo he colgado en este humilde blog sin intentar atribuirme merito alguno mio propio, mi única intención es que un documento tan valioso y novedoso merece conocerse y con eso pienso que está de acuerdo su autor. Gracias a él y si llegare a considerar que se está infringiendo alguna dispoción personal suya inmediatemente sea de mi conocimiento procederé a anular este post.



ÁFRICA, EL CONTINENTE MALTRATADO





Guerra, expolio e intervención internacional en el África negra (Oscar Mateos Martín)

1.- INTRODUCCIÓN
2.- LAS RAÍCES DEL CONTINENTE: ESCLAVITUD, COLONIALISMO E INDEPENDENCIA
3.- LOS CONFLICTOS ARMADOS CONTEMPORÁNEOS EN ÁFRICA SUBSAHARIANA
4.- NUEVO HUMANITARISMO E INTERVENCIÓN INTERNACIONAL EN ÁFRICA
5.- CONCLUSIONES

Oscar Mateos, es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de
Barcelona y miembro del Centro Cristianismo y Justicia. En la actualidad es
investigador de la Escola de Cultura de Pau de la Universitat Autònoma de Barcelona
(UAB)..

El autor quiere agradecer la ayuda del Centre Borja de Sant Cugat (Barcelona); de los
investigadores de la Escola de Cultura de Pau de la UAB Josep Mª Royo, Jordi Urgell y
María Villellas; y de Lucas Wainer, por la edición del mapa.
Nkosi, Sikelele Africa

("Dios proteja a África")
Himno negro sudafricano

"Podría haber hecho la misma película en Sierra Leona, sólo que en vez de pescado
tendríamos que hablar de diamantes; y en Libia, Nigeria o Angola el tema sería el
petróleo. La mayoría de nosotros conocemos los mecanismos de destrucción de nuestra
época pero no podemos fijar sus contornos. Somos incapaces de... creer lo que
sabemos a ciencia cierta. Es increíble, por ejemplo, que dondequiera que se encuentran materias primas, los autóctonos mueren de inanición, sus hijos son reclutados para la milicia y sus hijas con empleadas como sirvientas o prostitutas... Después de cientos de años de esclavitud y colonización de África, la globalización de los mercados africanos supone la más letal de las humillaciones para la población de este continente. La arrogancia de los países ricos hacia el Tercer Mundo, está creando infinitos futuros peligros para todo el planeta. Las personas que participan en un sistema mortal, tomadas una a una, no parecen tener rostros malévolos ni, en su mayoría, malas intenciones. Aquí estamos incluidos todos. Algunos sólo "hacemos nuestro trabajo" (como pilotar un Jumbo con una carga de napalm) algunos no quieren saber, otros simplemente luchan por sobrevivir..."

HUBERT SAUBER. Director de La pesadilla de Darwin, en declaraciones sobre la
película.

INTRODUCCIÓN
El presente cuaderno pretende abordar el fenómeno de los conflictos armados en África
Subsahariana1, por desgracia, el asunto de mayor presencia en nuestra visión sobre este continente. No obstante, lejos de la reincidente y moribunda fotografía del hambre, la guerra y la miseria, así como del clásico estereotipo del africano salvaje, pasivo y dependiente de la caridad internacional, África y las sociedades africanas son ante todo un hervidero de vida, movimiento, capacidad de respuesta e iniciativas, que pasan inadvertidas e invisibles a los ojos de la historia moderna.

Desde esta infame imagen parte hoy el análisis y comprensión de una tierra, además,
maltratada por siglos de esclavitud, colonización y rapiña, liderados por el mundo
occidental e igualmente aprovechados por una elite africana que, en algunos casos, ha
sabido convertir el expolio y la muerte en un auténtico modus vivendi.

Sea como fuere, estas páginas no desean tratar toda la realidad del continente africano, extraordinaria e infinitamente compleja. Tenga el lector en claro que hablar de África hoy es hablar de una multiplicidad de culturas, lenguas y etnias que nada tiene que ver con la realidad del Estado-Nación dibujada por el fin del colonialismo a partir de los años sesenta. Pretender esbozar una radiografía completa de esta África negra, además de innumerables páginas, supondría una envalentonada por parte del autor. De este modo, el cuaderno se centrará en el análisis de los conflictos armados contemporáneos en África Subsahariana, sus causas y consecuencias, las diferentes visiones que sobre éstos existen o el controvertido papel de la comunidad internacional. Otros libros y artículos ya abordan mejor y en más profundidad la realidad cultural, social, política o económica del continente, aspectos todos ellos que en un futuro podrían ser motivo de un cuaderno de esta colección.

Sin embargo, hablar de guerra en África no tiene nada que ver con el análisis que a
menudo esbozan, ingenua o intencionadamente, los medios de comunicación y las
instituciones políticas y económicas que hoy rigen el planeta. La violencia armada en el continente africano no es una cuestión de luchas tribales, endémicas, anárquicas y sin sentido, como así se han empeñado en mostrar incluso algunos académicos2, que otorgan a esta violencia un carácter primitivo e irracional. Por el contrario, las guerras africanas sólo se pueden entender desde el análisis de un entramado complejo de actores –entre los que se encuentran, señores de la guerra, gobiernos africanos, potencias regionales e internacionales, transnacionales del diamante o del petróleo u organizaciones intergubernamentales, por citar algunos- con intereses políticos y económicos determinados y con la capacidad suficiente para perpetuar situaciones de violencia. La guerra en África, sobre todo tras el fin de la Guerra Fría, ha perdido cualquier componente ideológico y se ha convertido en una forma de vida para los que se saben ‘vencedores’ de este lance. Y digo vencedores, porque si existe un ‘perdedor’ en toda esta contienda es la población civil de los países en guerra, quien no sólo es la principal damnificada por la violencia sino también el objetivo deliberado de las partes que se enfrentan. Por lo tanto, salir de este enmarañado laberinto no será fácil cuando algunos, incluyendo las empresas de las que nosotros también participamos con nuestros hábitos de consumo, extraen rentables beneficios que no están dispuestos a abandonar fácilmente.

Pese a todo, en la búsqueda del sendero de la construcción de la paz existen ya
numerosas organizaciones de todo tipo (local, regional e internacional) que contra
viento y marea tratan de enviar a esta violencia organizada al más recóndito de los
olvidos. Y ello a pesar del escaso apoyo de algunas potencias mundiales y del
defraudador papel de Naciones Unidas, que año tras año se ha empeñado en cosechar
fracasos respecto a su principal tarea de valedora de la paz y la seguridad mundiales.

Los tristes episodios de Somalia y el genocidio de Rwanda no hicieron sino abrir la
puerta a otros fiascos como el de la República Democrática del Congo (donde dicho sea
de paso, mueren diariamente mil personas como consecuencia de la guerra) o Darfur,
donde de nuevo la plantilla internacional ha llegado tarde y despistada.

A la luz de esta realidad, esperemos que este cuaderno contribuya, aunque sólo sea un
poco, a la ardua tarea de acabar con la "letanía de manoseados clisés"3 sobre el
continente, así como a configurar el complejo panorama de la cotidianeidad africana,
tan olvidada (insisto, ingenua o intencionadamente) como malversada por el así
llamado ‘mundo desarrollado’.

Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de caza siempre glorificarán al cazador. Proverbio africano (Yoruba, Nigeria)




2.- LAS RAÍCES DEL CONTINENTE: ESCLAVITUD, COLONIALISMO E INDEPENDENCIA.

ORÍGENES Y ESCLAVITUD

Casi nunca se recuerda que África es la cuna de la Humanidad. Los primeros fósiles
homínidos más antiguos fueron hallados en las hoy Tanzania y Etiopía, al este del
continente. Desde allí, el hombre emigró hacia el resto del planeta, evolucionando su ser y su cultura de acuerdo con el entorno al que llegaba. Del mismo modo, suele obviarse la compleja y rica historia política que los siglos previos a la colonización albergó esta tierra con el surgimiento de los diferentes imperios, reinos y estados (Ghana, Malí, Songhay, Mossi, Bunyoro, Buganda, Rwanda, estados Haussa, entre otros muchos) que marcaron el esplendor de todo el continente. Un esplendor que inició su decadencia a partir del siglo XVII, coincidiendo con la llegada de los primeros europeos.

Dicha presencia tuvo una doble vertiente. En África del Sur (en las actuales Sudáfrica o Zimbabwe) tuvo un carácter de permanencia y colonización, mientras que en el resto del continente, especialmente en África Occidental, los europeos llegaron de forma circunstancial para dedicarse a la actividad comercial y, especialmente, a la salvaje trata de esclavos, que durante los dos siguientes siglos conocería su ‘época de oro’. Se estima que durante este tiempo, entre diez y quince millones de africanos fueron sacados a la fuerza de África para ser transportados por barco al continente americano, viaje durante el que otros cien millones de personas perecieron víctimas de las enfermedades, el hambre y los infortunios. A este descalabro humano, cabe sumar también una cantidad semejante, o incluso mayor, que los árabes extrajeron por las costas orientales. El desarrollo de corrientes antiesclavistas, que adquirieron una gran fuerza a principios del siglo XIX, fueron determinantes para que en 1815 se decidiera abolir la trata y para que la esclavitud se suprimiera en Inglaterra (1834) y en Francia (1848), así como en el resto de países europeos implicados. Como consecuencia de la abolición, se inició en América el retorno a África de esclavos liberados, tras la que se formaron colonias como la de Freetown (Sierra Leona) o Monrovia (Liberia).

No obstante, Europa no se olvidó de África fácilmente. Las independencias en el
continente americano, la crisis de superproducción provocada por la revolución
industrial, así como las fuertes rivalidades políticas y militares de la Europa de mitad del XIX, llevaron a ésta a buscar en el continente negro parte del remedio a esa problemática coyuntura. Así fue como a mediados de siglo se produjo una lenta pero progresiva penetración europea hacia al interior mediante exploraciones que ya no buscaban sólo quedarse en los enclaves costeros sino que pretendían ocupar
determinadas zonas del continente y que tenían una clara connotación política. En esta "carrera por África" librada por algunas potencias europeas, algunos exploradores ya lograron firmar tratados de protección en nombre de los países que representaban con los reyes y jefes autóctonos en cuestión.

La colonización de África

Los conflictos surgidos por esta competición llevaron a la Conferencia de Berlín
(1884-1885), que aun convocada bajo pretextos humanitarios y antiesclavistas, supuso
el reparto de facto de casi todo el continente entre las naciones participantes. De este modo, Francia se quedó en África occidental y ecuatorial; Inglaterra se asentó en numerosas partes, excepto en la franja central; Alemania, que había llegado tarde a la carrera colonial, trató de recuperar el tiempo perdido instalándose también en varias zonas; Bélgica se quedó con el Congo (actualmente la República Democrática del
Congo); Portugal amplió sus tradicionales enclaves de Guinea-Bissau, Angola y
Mozambique con la obtención del archipiélago de Cabo Verde y las islas de Santo
Tomé y Príncipe; Italia se introdujo en Somalia y Eritrea; mientras que España se quedó con la hoy Guinea Ecuatorial, tras la firma de un tratado con Portugal. En todo el continente negro sólo se respetó la independencia de Liberia (que dependía de EEUU) y de Etiopía.

Este panorama propició no sólo que la Primera Guerra Mundial (1914-1918) se
librara también en África, sino que además fueran enviados a luchar a Europa
centenares de miles de africanos (se estima que ese número rozó los 200.000 sólo en
1918). Igualmente, tras el fin de la Gran Guerra, Alemania perdió todo su imperio
colonial africano, reconfigurándose así el mapa colonial del continente4. Durante la
época de entreguerras, el sistema colonial logró consolidarse, rompiendo los moldes
tradicionales y provocando un profundo cambio en las mentalidades africanas al
vaciarles de toda identidad y autoestima: "en el África colonial la palabra civilización estaba reservada exclusivamente a los comportamientos de los blancos, por muy crueles que fueran"5. Además, la colonización también marcó enormemente el
desarrollo posterior de las independencias, ya que los países fueron orientados al
monocultivo o la monoproducción, descuidando los productos alimentarios y
condenándoles a la dependencia tras la caída estrepitosa del precio de las materias
primas; se favoreció a la ciudad y se olvidó el campo; o se primó el carácter radial de las comunicaciones, dejando a muchas zonas en la marginación más absoluta.

El paso de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, dejó tintes muy distintos. En
primer lugar, el continente africano albergó algunas campañas bélicas sólo de forma
efímera y ocasional. En segundo lugar, la guerra fue determinante en el cambio de
mentalidad con respecto al dominio colonial, con la gestación de una elite más formada, reivindicativa y de base nacionalista que tomaba cuerpo con el llamado movimiento panafricanista en el que destacaron algunas figuras que años después se convertirían en líderes de la independencia: Nkrumah (Ghana), Kenyatta (Kenia), Awolowo y Azikiwe (Nigeria), Abrahams (Sudáfrica), Wallace-Johnson (Sierra Leona), Banda (Malawi), Touré (Guinea), Kaunda (Zambia) o Lumumba (RD Congo). En tercer lugar, el nuevo orden mundial pasaba a ser liderado por dos potencias, la Unión Soviética y EEUU, profundamente anticolonialistas. La primera porque consideraba que el colonialismo era consecuencia del capitalismo; la segunda porque pretendía la emancipación del mundo colonial para que las relaciones internacionales y los derechos al libre comercio se extendieran por igual a todos los pueblos.



Descolonización e independencia

Con el caldo de cultivo forjado tras la Segunda Guerra Mundial, los años posteriores
sirvieron para apuntalar el proceso de las independencias que daría comienzo a finales de los años cincuenta. Los principales canales de esta corriente liberadora fueron: 1)

Naciones Unidas y, sobre todo, su Asamblea General, que fue considerada por sus
miembros como un foro útil en el que exigir y proclamar la liquidación de los imperios coloniales europeos mediante el famoso "principio de la libre de determinación de los pueblos", reconocido en varios artículos de la Carta de Naciones Unidas7; 2) los movimientos anticoloniales o independentistas, liderados por unas elites ‘occidentalizadas’, que bebían de ideologías como el panafricanismo o la negritud y que lograron una amplia coordinación y la unificación, a pesar de sus diferencias, de un mismo mensaje; y 3) las conferencias afroasiáticas, especialmente la que tuvo lugar en Bandung en abril de 1955, que congregó a 29 delegaciones de países de los dos continentes, convirtiéndose en una plataforma para la toma de conciencia de los pueblos que habían sido sometidos y que ahora exigían el fin de la dominación colonial.

Mientras, en Europa era cada vez más difícil ignorar las demandas de liberación
nacional que además de hacerse con "lenguaje occidental" se enmarcaban en un
contexto de creciente pérdida de legitimidad e incluso de hostilidad hacia la realidad colonial. De este modo, la primera independencia subsahariana fue la de Ghana, en 1957, bajo el liderazgo de Kwame Nkrumah. A Ghana le siguió Guinea (1958),
mientras que 1960 se convertía en el año de la descolonización africana con la
independencia de una docena más de países. La retirada de los europeos se dio
habitualmente en un ambiente de compromiso, reflejado en la ceremonia formal de
traspaso de poderes, entre la antigua metrópoli y las nuevas elites gobernantes que, en términos generales, representaban aquellos proyectos menos radicales y más
continuistas con la colonia. Este nacionalismo, sin embargo, aspiraba a hacerse con el aparato administrativo colonial y africanizarlo para configurar un estado reconocido internacionalmente. Sus intereses se fundamentaban en el mantenimiento de la estructura social y económica creada durante las décadas coloniales, frustrándose así las demandas de base popular que aspiraban a una mayor democratización de la política africana.

Sea como fuere, lo cierto es que la formación de estados en África padeció desde su
inicio una considerable falta de legitimidad, así como la ausencia de un consenso social sobre sus fines y valores. Y lo que es más importante para poder entender las relaciones de poder político y económico venideras: se vinculó a la población a través de redes clientelares, en las que los intermediarios étnicos conectaban a las elites en el centro político con el resto del sistema en un proceso continuo de intercambios políticos. Se expulsó a los europeos, pero se asumió un modelo despótico de Gobierno y se mantuvo la dependencia económica internacional9.

Aunque son legión los análisis que se han hecho del legado colonial en África y su
impacto en el desarrollo futuro, la mayoría de autores coinciden en destacar dos
aspectos. Por un lado, la colonización africana sirvió para el despegue económico del
Norte, a expensas de la desgracia ajena; por otro, la colonización introdujo pérfidamente la división tribal, creando de hecho las identidades que hoy se confrontan en el marco de Estados incapaces de absorber esas divergencias. Llevó al paroxismo las diferencias y aprovechó la primacía del nuevo estado para marginar a unos grupos en beneficio particular de quienes poseían el monopolio de la administración moderna y sus recursos.

En definitiva, y en palabras del académico nigeriano A. O. Ikelegbe, el colonialismo se convirtió en "el hacha que desarraigó la tradición africana, dejando a la población a la deriva, con escasas posibilidades de extraer experiencias del pasado"

Cuando dos elefantes luchan es la hierba la que sufre. Proverbio africano (Uganda)

3.- LOS CONFLICTOS ARMADOS CONTEMPORÁNEOS EN ÁFRICA SUBSAHARIANA.

3.1.- El "telón de seda": la antesala de las guerras africanas de los noventa
Lejos de lograr una emancipación real, África se convirtió durante la época de Guerra
Fría en uno de los principales escenarios en los que EEUU y la Unión Soviética se
disputaron la hegemonía del orden constituido tras la Segunda Guerra Mundial, eso sí,
"utilizando los cuerpos africanos como carne de cañón"11. Guerras cruentas como las de Angola o Mozambique, por poner algunos ejemplos, cabe encuadrarlas en un contexto
de internacionalización de la violencia en el que los diferentes actores africanos se
convirtieron en meros (aunque también interesados) títeres de las ansias y pretensiones de Washington y Moscú. Un informe gubernamental estadounidense, donde se evaluaba el potencial que representaba África para EEUU en 1963, declaraba lo siguiente:

"Consideramos que África es probablemente el mayor campo de maniobras abierto en
la competencia mundial entre el bloque comunista y el mundo no comunista. (...)
proponemos encaminar nuestros esfuerzos a favorecer a los líderes dinámicos y
progresistas que sean razonablemente amistosos"12. Aún siendo perentorio cuestionarse
lo que por "dinámicos y progresistas" entendía dicho informe, la lógica de los años de Guerra Fría es más que evidente, sin desmerecer la importante responsabilidad que
también tuvieron las elites africanas.

Las "Guerras Calientes"

Angola sufrió tras su independencia en 1975 (y después de catorce años de
enfrentamiento contra Portugal) el inicio de una guerra configurada por dos bandos: por una parte, el gubernamental Movimiento Para la Liberación de Angola (MPLA), de José Eduardo Dos Santos, obtuvo el apoyo incondicional de la Unión Soviética e incluso de 60.000 soldados cubanos; por otra parte, la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), liderado por Jonas Savimbi, fue respaldada directamente por EEUU y por el régimen sudafricano del apartheid. En Mozambique, el también socialista y en el poder Frente de Liberación Mozambiqueño (FRELIMO) estuvo apadrinado por el bloque comunista, mientras que la guerrilla de la RENAMO (Resistencia Nacional Mozambiqueña) recibía cuantiosas sumas de dinero y de apoyo militar procedentes de EEUU y Sudáfrica. De igual modo, crueles dictaduras como las del legendario Mobutu Sese Seko en el Zaire o el régimen del apartheid en Sudáfrica fueron bendecidas y respaldadas desde su inicio por la Casa Blanca, mientras que otros regímenes despóticos como el de la Etiopía de Mengistu fueron abrazados por el Kremlin.



Algunos autores afirman que la Guerra Fría fomentó el clientelismo de los estados
africanos con respecto a las potencias occidentales, principalmente hacia EEUU, y en
menor medida hacia los países del bloque del Este. La contrapartida a la gran influencia a la que estaban sometidas las elites africanas durante esta época fue "su importante capacidad de negociación, de regateo, de hacer pagar muy caro, en términos de ayuda, de apoyo o de cerrar los ojos ante la corrupción o violación sistemática de los Derechos Humanos, su alineamiento con uno u otro bloque"13.

Este privilegiado papel concedido a las elites africanas consolidó tras el proceso de
independencias el desarrollo de un estado neopatrimonial, es decir, una realidad en la que el derecho a gobernar descansa casi exclusivamente en una persona, y en la que las posiciones en la administración del estado son utilizadas para conseguir beneficios económicos de todo tipo para el dirigente y para sus redes de patronazgo: "la autoridad se mantiene, no tanto gracias a concepciones ideológicas compartidas o al respeto de la ley, sino por medio de esas redes clientelares que atraviesan toda la administración"14.

3.2.- El colapso de los estados postcoloniales africanos

El final de la Guerra Fría tuvo fuertes repercusiones para los países africanos, que
iniciarán una fase de cambios profundos fundamentada en el fracaso de la consolidación del estado poscolonial. A partir de este momento, más de una treintena de países africanos se vieron inmersos en una auténtica ‘ola democratizadora’ que transcurrió de forma pacífica en la mayoría de ellos. Países como Benín, Cabo Verde, la República Centroafricana, Congo, Guinea-Bissau15, Lesotho, Madagascar, Malawi, Malí, Mozambique, Namibia, Níger, Santo Tomé y Príncipe, las islas Seychelles, Sudáfrica o Zambia se sumaban a los únicos regímenes democráticos que había en pie en 1989, Botswana, las islas Mauricio y Gambia16. Por el contrario, en otro grupo de países, la respuesta al proceso de erosión estatal desembocó en el derrumbamiento del estado poscolonial y el inicio de conflictos bélicos sangrientos. Así sucedió en Angola, Burundi, Chad, Liberia, República Democrática del Congo (antes Zaire), Rwanda, Sierra Leona, Somalia y Sudán17.

Cabe preguntarse qué factores llevaron a la erosión y debilitamiento, y en algunos casos al hundimiento, del recién constituido estado poscolonial, al que muchos bautizaron con el apelativo de ‘Estado fallido’, ‘Cuasiestado’, ‘Estado sombra’ o ‘Estado ficticio’.

Itziar Ruiz-Giménez considera que fue la conjunción de una serie de factores de orden
tanto interno como externo los que llevaron a esta situación18. Por lo que respecta a los factores internos cabe señalar cuatro.

a.- La existencia de unas instituciones estatales de origen exógeno, creadas por el
colonialismo europeo. Los líderes de la independencia prefirieron dar continuidad a las estructuras político-administrativas y económicas que el colonialismo había impuesto, en lugar de sustituirlas por estructuras políticas autóctonas. Para muchos, esta decisión fue determinante ya que se conservaron unas instituciones políticas caracterizadas por:

i) unas fronteras artificiales, que agruparon dentro de los estados africanos a numerosos grupos etnoculturales con trayectorias históricas diferentes y a veces enfrentadas.

Además, dividieron en dos o más países a una misma comunidad etnocultural19 y
propiciaron algunos movimientos secesionistas; ii) unas estructuras administrativas
diseñadas para "explotar las divisiones locales", mediante el establecimiento de un
sistema político que se desdoblaba en dos formas de gobierno diferentes: un mundo
urbano regido por los ciudadanos-colonos que dominaban a los nativos (considerados
ciudadanos de segunda) y un mundo rural, dominado por una pluralidad de derechos
consuetudinarios y por una administración apoyada en las autoridades locales con base
étnica. La desigual incorporación de los distintos grupos étnicos a la administración por parte de las metrópolis y la manipulación del concepto de etnicidad exacerbaron sin duda el problema étnico hasta niveles sin precedentes; iii) unas estructuras económicoadministrativas concebidas para satisfacer las necesidades de las metrópolis, basadas en la exportación de productos agrícolas, minerales y materias primas, a través de redes de transporte y comercio pensadas para ello, que a la vez dejaron una nimia inversión en la formación de la población local, que en el momento de la independencia no estaba preparada para trabajar en la estructura heredada.

b.- La naturaleza personalista y patrimonial de las elites africanas. Después de la
independencia, algunas elites políticas africanas (formadas en su mayoría en
universidades de las metrópolis) lideraron los procesos de construcción estatal mediante la centralización del poder político-económico y la supresión del pluralismo político.

Aunque los motivos de fracaso de dichos proyectos podrían estar enraizados en una
multitud de factores, algunos autores consideran que la causa fundamental fue "el
rechazo y oposición de la población africana a unos procesos ajenos a sus propias
tradiciones socio-políticas"20. De este modo, la doctrina africanista considera que las elites africanas decidieron adoptar formas personalistas o paternalistas de gobierno, concentradas en un individuo concreto, y basadas en una lógica patrimonial en las que la legitimidad política de los dirigentes derivaba del prestigio y el poder obtenido mediante la creación y mantenimiento de redes clientelares.

c.- Una importante dependencia externa. Debido a la existencia de una economía
escasamente excedentaria, los líderes africanos buscaron otras fuentes de recursos
durante la época poscolonial para poder mantener tanto sus privilegios económicos
como sus redes clientelares. Por una parte, la explotación de sus recursos naturales, que en algunos países dio importantes réditos que después fueron derrochados. Por otra, la ayuda internacional dispensada bien por las superpotencias del contexto bipolar, bien por organismos intergubernamentales.

d.- Unas políticas autoritarias que "tribalizaron" la heterogeneidad étnica. Como
se ha señalado anteriormente, los sistemas políticos africanos durante la Guerra fría se caracterizaron por políticas neopatrimoniales que canalizaban la ayuda internacional de forma selectiva a través de las redes clientelares. Estas redes, que seguían normalmente líneas étnicas, regionales o religiosas, solían gozar de un grado considerable de legitimidad. El problema se produjo tras la grave crisis económica de los ochenta que supuso que pocos regímenes pudieran seguir nutriendo sus redes de forma amplia, que hasta el momento habían facilitado la cohesión interétnica y habían ayudado a regular los conflictos sociales. A partir de entonces, las elites africanas optaron por concentrarlas en sus comunidades étnicas de origen, perdiendo así el apoyo y la legitimidad otorgados por el resto de grupos étnicos. Esta "etnopatrimonialización" del estado, como algunos autores la han etiquetado, incrementó la importancia de la etnicidad dentro de la sociedad, exacerbó las relaciones interétnicas y aumentó todavía más la dependencia de los dirigentes africanos de la ayuda internacional y de las dos superpotencias.

Por otra parte, dos son los factores externos que contribuyeron a la crisis del estado poscolonial.

a.- Los efectos de una década de Planes de Ajuste Estructural (PAE) combinados
con una creciente marginalidad en el proceso de globalización económica. Aunque
los primeros años de independencia lograron un cierto despegue económico, la crisis
económica de los setenta motivada por la caída de los precios de las materias primas, la crisis energética de 1973 o el fracaso de los proyectos de desarrollo emprendidos llevó a muchos países africanos a situarse en niveles económicos inferiores al momento de su independencia. Ante este panorama, y no sólo en el continente africano, los principales organismos financieros internacionales (el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial) decidieron emprender los llamados Planes de Ajuste Estructural, que pretendían reducir la importancia del estado en el control de sus economías. El impacto social de estos planes fue extraordinariamente negativo, como así reconocieron años más tardes ambas organizaciones. El malestar social que generaron se tradujo en revueltas populares que fueron violentamente reprimidas en algunos casos.



b.- El final de los contratos de mantenimiento de la Guerra Fría. Si bien la
contienda bipolar fue en algunos momentos un factor de contención para aquellos países que recibían ayuda externa (permitiendo hacer frente a los movimientos y guerrillas de oposición, así como seguir alimentando las redes clientelares), ésta también tuvo importantes efectos desestabilizadores. Aunque algunos de los conflictos armados durante la Guerra Fría tenían sus raíces en conflictos sociales diversos, la presencia de los dos bloques en el continente contribuyó en ocasiones a prolongarlos o reconfigurarlos. Durante esta época, una veintena de países se vieron inmersos en duros conflictos armados (se estima que unos ocho millones de africanos murieron durante esta etapa como consecuencia de la guerra), algunos de los cuales vieron su fin con la caída del telón de acero. Para otros países como Somalia y Liberia, sin embargo, la retirada del respaldo bipolar conllevó una grave crisis del estado neopatrimonial que acabó desembocando en el colapso estatal. Con la desaparición de estos "contratos de mantenimiento", las elites africanas buscaron nuevas formas de legitimidad social que en muchos casos derivaron en la exacerbación y manipulación de las identidades étnicas, como fueron los casos de Rwanda y Burundi, y en otros en el inicio de una carrera ilimitada por el control del poder y los recursos, como sucediera en Angola.

3.3.- Conflictos armados africanos en la Posguerra Fría

La década de los noventa presenció la reconfiguración de la tipología de los conflictos armados. Contextos como los de la ex Yugoslavia, Somalia o Rwanda pusieron en evidencia el hecho de que la población civil había pasado a convertirse en objetivo intencionado de las partes enfrentadas y que la violación sistemática de los Derechos Humanos se erigía como su principal arma de combate.

Los conflictos armados en África han sido un perfecto escaparate de las llamadas
"nuevas guerras"21, pero no el único. De hecho, en el año 2005, sólo aproximadamente
un tercio de los conflictos armados que azotan el planeta tienen lugar en el continente africano. Según la Escola de Cultura de Pau de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB)22, ocho de los 23 conflictos que a finales de 2005 siguen abiertos deben situarse en África Subsahariana23, mientras que es el continente asiático el que alberga un mayor número con un total de diez. Los conflictos en Colombia (América Latina), Chechenia (Cáucaso), Iraq y el que enfrenta a Israel y Palestina (estos dos últimos encuadrados en la región de Oriente Medio), completan el actual mapa de la conflictividad bélica internacional. Subrayar, por lo tanto, que a diferencia de la visión falseada de que hoy en día África es un "continente de guerras", la realidad mundial nos enseña un panorama harto diferente, existiendo también otras zonas del planeta, especialmente Asia, que sufren desde hace años, con igual o mayor intensidad, los perversos efectos de la violencia.

3.3.1.- El mapa de la guerra

Conflictos armados

Esta importante apreciación no debe servir para menospreciar los escenarios de
violencia armada que bien entrado el siglo XXI todavía albergaba la región
Subsahariana, concentrados en tres zonas.

a.- La región de los Grandes Lagos, donde se disputan actualmente dos conflictos. Por
un lado, el que tiene lugar en Burundi entre el Gobierno Nacional de Transición
surgido de los Acuerdos de Arusha de 2000 y las Forces Nationales de Libération
(FNL) por el control del poder político. Por otro, el que afecta a la República
Democrática del Congo desde 1998 y que en este caso enfrenta al Gobierno de
transición presidido por Joseph Kabila (integrado por diversos grupos armados y por el anterior Ejecutivo), contra diversas facciones armadas que no participaron en el proceso de paz. La expoliación de los ricos recursos naturales se ha convertido en el motor que alimenta la perpetuación de la violencia.

b.- Las regiones del Cuerno de África y África Central, en las que encontramos tres
situaciones de enfrentamiento armado. En primer lugar, Somalia, quizá el más
televisivo de los conflictos africanos tras el fiasco cosechado por EEUU en 1993, donde diversos grupos armados, tras derrocar a la dictadura de Siad Barre en 1991, se
enfrentan por el control del poder y el territorio. Dichos grupos se han erigido como
autoridades legítimas en diferentes partes del país, lo que le ha valido a Somalia la
etiqueta de ‘reino de taifas’ y de ‘paradigma de Estado fallido’.

En segundo lugar, Uganda, país en el que desde mediados de los ochenta un grupo
armado de oposición, el Lord Resistance Army (LRA), de inspiración mesiánica, trata
de expulsar al Presidente Yoweri Museveni del poder con el objetivo de implantar los
diez mandamientos de la ley cristiana en todo el país. El líder de este descabellado
grupo, Joseph Kony, se ha caracterizado por el reclutamiento forzado de menores para
el campo de batalla, así como por el secuestro de niñas para ser objeto de todo tipo de abusos sexuales. Por su parte, el Gobierno ha forzado el desplazamiento de más de un millón y medio de personas en la persecución del LRA, generando una crisis
humanitaria de graves proporciones.

Finalmente, la región de Darfur, al oeste de Sudán, donde desde febrero de 2003 dos
grupos armados de oposición –el Sudan Liberation Army (SLA) y el Justice Equality
Movement (JEM)- hacen frente a las llamadas milicias ‘Janjaweed’, grupos
paramilitares sustentados por el Gobierno de Omar al-Bashir, que mediante su estrategia de ‘tierra quemada’ provocaron en pocos meses la peor crisis humanitaria de principios del nuevo milenio, según Naciones Unidas, forzando el desplazamiento de más de dos millones de personas. Tanto el SLA como el JEM reclaman el fin de la histórica marginalización política, económica y social de la población negra por parte del Gobierno árabe, y fuertemente centralista, de Jartum24.

c.- La tercera y última región con conflictos armados abiertos es la de África
Occidental, en la que existen dos focos de conflicto. Por una parte, Costa de Marfil, la otrora conocida como ‘Suiza africana’ experimentó en el año 2002 el levantamiento de tres grupos armados en el norte que han logrado prácticamente dividir el país con el objetivo de reivindicar la exclusión política y social que sufren determinados sectores de la población. Desde entonces, se libra una batalla irregular entre éstos y el Gobierno de Laurent Gbagbo, que está respaldado por milicias armadas de jóvenes simpatizantes del mandatario. De especial mención en este contexto es el papel de Francia, antigua metrópolis, que ha enviado cinco mil efectivos militares al país, avalados por Naciones Unidas, para hacer de fuerza de contención entre ambos bandos, protagonizando varios enfrentamientos con las propias Fuerzas Armadas marfileñas.

El otro escenario de conflicto en esta región es el de Nigeria, que alberga dos contextos diferenciados de enfrentamiento armado: el que se desarrolla en la región del Delta del Níger (sur) y el que tiene lugar en el norte del país. En el Delta del Níger, región que concentra el 60% de la producción de petróleo del que es primer productor de crudo de la región subsahariana, varias milicias armadas pertenecientes a diferentes grupos étnicos se enfrentan entre ellas y contra las fuerzas de seguridad estatales por el control del poder y los beneficios del petróleo. En esta contienda también participan ejércitos privados contratados por las transnacionales del petróleo (TotalFinalElf y Shell, son las más importantes) que tratan de defender sus intereses. En el norte del país, por el contrario, el enfrentamiento está protagonizado también por milicias de la mayoría musulmana y la minoría cristiana, en disputa por el control de los recursos naturales y que se ha exacerbado tras la proclamación en el año 2001 de la llamada ley islámica en los doce estados que conforman esta región.

Conflictos armados en África Subsahariana en 2005

Conflictos armados
(inicio) Actores armados Causas de fondo Número total víctimas mortales
Burundi 1993)

Gobierno Nacional de Transición, Forces Nationales de Libération de A. Rwasa
Control político de una minoría étnica y dificultades para la alternancia en el
poder 300.000 personas

Congo 1998)

Gobierno Nacional de Transición (GNT), facciones de grupos armados incluidos en el
GNT, milicias Mayi-Mayi, grupos armados de Ituri, Forces Démocratiques de
Libération de Rwanda
Control del poder político, dificultades
para la alternancia en el poder y control
de los recursos naturales
3,5 millones personas
Somalia
1988)
Varios Ausencia de práctica democrática, lucha
por el poder político regional,
confederación vs. Federación
400.000 personas
Uganda
1986)
Gobierno, Lord Resistance Army (LRA) Mesianismo religioso y marginación
regional
150.000 personas
Sudán (Darfur)
2003)
Gobierno, milicias progubernamentales,
Sudan Liberation Army (SLA), Justice
Equality Movement (JEM), National
Movement for Reform and Development
(NMRD)
Marginación regional y política 180.000 personas
Costa de Marfil
2002)
Gobierno, milicias progubernamentales,
Forces Nouvelles (MPCI, MJP, MPIGO)
Marginación de algunas regiones,
fragilidad democrática, exclusión
política, instrumentalización religiosa
-
Nigeria (Delta del
Níger)
2003)
Gobierno, milicias de las comunidades Ijaw,
Itsereki y Urhobo
Control del poder político y de los
recursos naturales, exclusión social y
política
-
Nigeria (Norte)
2003)
Gobierno, milicias de las comunidades
cristianas y musulmanas
Control de los recursos naturales e
instrumentalización religiosa
10.000 personas

Fuente: Escuela de Cultura de Paz, Barómetro 9, en:
http://www.escolapau.org/programas/barometro.htm
Situaciones de tensión
A diferencia de los conflictos armados, cabe señalar también la existencia de una
treintena de contextos de tensión en África. Estos ‘puntos calientes’ se caracterizan por
ser escenarios en los que se producen graves episodios de polarización social o política,
con enfrentamientos entre grupos políticos, étnicos o religiosos o entre éstos y el
Estado, con alteraciones del funcionamiento ordinario de las instituciones del Estado
(golpes de Estado, toques de queda y Estados de excepción o emergencia) y con índices
significativos de destrucción, muertos o desplazamientos forzados de población, bajo
riesgo de que dichos contextos puedan derivar en una situación de conflicto armado25.
Por su volatilidad y por el peligro real que desemboquen en una situación de violencia
extrema, merece la pena llamar la atención sobre tres de estos contextos.
En primer lugar, Zimbabwe, presidido por el controvertido líder de la independencia
Robert Mugabe, quien desde los años noventa ha venido sometiendo al país a un grave
recorte de las libertades políticas, hecho que ha provocado el exaltado enfrentamiento
con el principal partido de la oposición, el Movement for Democracy Consolidation
(MDC) de Morgan Tsvangirai, así como el enfado y aislamiento de buena parte de la
comunidad internacional. A esta grave crisis política, que se ha traducido en esporádicas
olas de violencia entre los simpatizantes de ambas partes, cabe sumar la fuerte recesión
económica, agudizada por la frustrada reforma agraria de Mugabe, y los efectos de una
crisis humanitaria como consecuencia del impacto de la sequía y del sida (casi el 40%
de la población adulta se encuentra afectada por la pandemia), factores que han situado
a Zimbabwe al borde de un conflicto civil.
En segundo lugar, es reseñable la escalada de tensión que sufre toda la llamada región
del Río Mano, que engloba a Guinea, Liberia, Sierra Leona y también, aunque no
geográficamente, Costa de Marfil. La volatilidad y permeabilidad de la fronteras, el
constante flujo de armas y de mercenarios, los intereses económicos y geoestratégicos
de sus mandatarios, la interrelación entre los distintos gobiernos y grupos armados y el
éxodo masivo que experimentan millones de personas de forma cíclica como
consecuencia de la violencia, ha sumergido a estos cuatro países en un peligroso
conflicto regional que podría tener consecuencias extremas. De este modo, el
sanguinario ex Presidente liberiano, Charles Taylor, actualmente exiliado en Nigeria26,
financió la actividad de la guerrilla del Revolutionary United Front (RUF) que se
enfrentó al Gobierno sierraleonés, ha apoyado a varios grupos armados que luchan en
Costa de Marfil, y podría estar detrás del intento de asesinato del enfermo Presidente
guineano, Lansana Conté. Igualmente, Conté ofreció apoyo a alguno de los grupos
armados que derrocaron a Taylor en el 2003. Esta ‘pseudoguerra civil’, que está
provocando el sufrimiento diario de millones de personas, ha supuesto el desembarco en
esta región de más de 40.000 cascos azules durante los últimos años.
En tercer lugar, cabe también destacar lo que algunos ya han etiquetado en ocasiones
como la "primera guerra civil africana". Tras la firma de un acuerdo de paz, diversos
países de la región de los Grandes Lagos y varios grupos armados se retiraron entre
2002 y 2003 de territorio congolés, en el que protagonizaron un enfrentamiento entre
ellos y contra el Gobierno congolés. Sin embargo, la relación entre el régimen de
Kinshasa y la vecina Rwanda (uno de los países invasores) no ha mejorado
significativamente, debido a la presencia en territorio congolés del grupo armado de
oposición rwandés responsable del genocidio de Rwanda de 1994. Esta situación hace
temer el reinicio de los enfrentamientos a gran escala que se desarrollaron a finales de
los noventa y en los que participaron hasta un total de ocho países africanos.
Conflictos armados finalizados desde el final de la Guerra Fría
Esta escueta radiografía de la conflictividad en África Subsahariana no debe olvidar
algunos de los conflictos armados finalizados desde el final de la Guerra Fría. En este
punto se encuentra, por ejemplo, Sierra Leona (1991-2002), que sufrió una de las
guerras más cruentas de la década de los noventa, con más de 70.000 muertos, miles de
personas que sufrieron alguna amputación y millones de desplazados. Tras casi una
década de enfrentamientos entre el Gobierno y el RUF; la participación de mercenarios,
milicias, grupos paramilitares e incluso de las fuerzas de pacificación del organismo
regional ECOWAS (el ECOMOG); y con el dramático telón de fondo de la
comercialización de los diamantes, esta antigua colonia británica lograba alcanzar un
acuerdo de paz en 2002.
Conflictos armados finalizados en la Posguerra fría
Conflicto Actores Duración
Angola Gobierno del MPLA, UNITA 1975-2002
Chad Gobierno, Mouvement pour la Démocracie et la Justice au
Tchad (MDJT)
1998-2002
Congo-Brazzaville FFAA y milicias Cobras del actual Presidente D. Sassou-
Nguesso, milicias Cocoyes del ex Presidente P. Lissouba,
las milicias Ninjas del ex Primer Ministro B. Kolelas, y las
milicias Ninjas disidentes del reverendo Ntoumi
1997-1999, 2002-2003
Eritrea – Etiopía FFAA de ambos países 1998-2000
Liberia FFAA, Gobierno de Charles Taylor, LURD, MODEL,
ULIMO-K, ULIMO-J, ECOMOG
1989-2003
Malí Gobierno, milicias tuareg norte país 1991-1996
Mozambique Gobierno controlado por el partido FRELIMO, RENAMO 1975-1992
Níger Gobierno, milicias tuareg norte país 1990-1995
RCA Gobierno de A. F. Patassé, mercenarios del general golpista
F. Bozizé
2002-2003
Rwanda Gobierno, milicias Interahamwe, Frente Patriótico Rwandés1990-1993, 1994
Sáhara Occidental-
Marruecos
Marruecos, Frente POLISARIO 1975-1991 (declaración de alto
el fuego del FP)
Senegal Gobierno, MFDC 1982-2003
Sierra Leona Gobierno, RUF, AFRC, CDF, ECOMOG 1991-2002
Sudán (SPLA) Gobierno, SPLA 1983-2005
De igual modo, cabe destacar Angola (1975-2002), país en el que la muerte del líder
guerrillero de UNITA, Jonas Savimbi, en febrero de 2002, precipitó la consecución de
un acuerdo dos meses después, dejando un reguero de un millón de muertos y una
décima parte de la población mutilada por las minas. Los casi treinta años de guerra
experimentaron una feroz etapa final en el que el sustento del conflicto se fundamentó
en la venta del petróleo, por parte del Gobierno de Dos Santos, y en el de los diamantes,
por lo que respecta a UNITA.
Un último ejemplo es el conflicto en el sur de Sudán (1983-2002), donde el grupo
armado de oposición Sudan People Liberation Army (SPLA) se enfrentó durante casi 22
años al Gobierno islamista sudanés por la independencia del sur del país, de mayoría
cristiana y animista. Esta histórica disputa, que se saldó con unos dos millones de
muertos, logró un esperanzador compromiso de paz en enero de 2005, a pesar de la
guerra en Darfur y de la volatilidad existente en el este del país. No obstante, la
inesperada y accidentada muerte del carismático líder del SPLA, John Garang, abría a
mediados de ese mismo año serias incertidumbres respecto al devenir del proceso de
paz.
Hacer un balance humano de los efectos de todas estas guerras resultaría de gran
complejidad, teniendo en cuenta que gran parte de las víctimas de un conflicto suele
serlo de manera indirecta, es decir, que perecen como consecuencia de la crisis
humanitaria que genera la violencia. Sea como fuere, la cifra de muertos, mutilados por
las minas antipersona, amputados, víctimas de la violencia sexual y desplazados por el
impacto de la guerra debe elevarse a varias decenas de millones de personas, máxime si
tenemos en cuenta que sólo contextos como el de Sudán o Angola, suman
conjuntamente más de tres millones de víctimas mortales y ocho millones de personas
desplazadas. Además, en esta cábala no pueden omitirse todas aquellas personas que
posteriormente sufrirán durante toda su vida el impacto psicosocial de la violencia, los
secuestros, el reclutamiento forzado, las torturas, la muerte de un familiar, y un largo
etcétera.



3.3.2.- Características de los conflictos armados africanos de la Posguerra Fría.
Aunque cada escenario de conflictividad suele tener unas particularidades determinadas,
existen una serie de características comunes en este mapa de la conflictividad africana,
que a menudo también confluyen con los conflictos que se desarrollan en el resto del
planeta:
a.- La totalidad de los conflictos que tienen lugar en África son de carácter interno, es
decir, que transcurren en el interior de las fronteras de un mismo país. Aunque los años
noventa vieron el fin del histórico enfrentamiento entre Eritrea y Etiopía27 y todavía
persisten algunas disputas fronterizas y relaciones de tensión entre diferentes países
(Sudán-Uganda, Burkina Faso-Costa de Marfil, Camerún-Nigeria, por poner algunos
ejemplos), no existe en la actualidad ningún conflicto armado interestatal. Además, otra
peculiaridad en este sentido, es que dichos conflictos están en ocasiones localizados, es
decir, que en un mismo país confluye más de una disputa en la que participan actores
diferentes con objetivos también diferenciados, como son los casos ya analizados de
Nigeria y Sudán. En relación con esta localización también es reseñable la reciente
ausencia y desintegración del Estado de algunos países en conflicto, hecho que
permite la creación en el seno de un mismo país de estructuras político-administrativas
y económicas prácticamente paralelas. Un ejemplo, aparte del ‘reino de taifas’ somalí,
podría ser el de Costa de Marfil, donde los grupos armados de oposición controlan el
norte del país, sin que las fuerzas de seguridad del estado puedan tener acceso a esa
zona.
b.- Participación de una variedad y multiplicidad de actores extraordinaria, que
comprende desde gobiernos, Fuerzas Armadas y grupos armados de oposición hasta
paramilitares, milicias, señores de la guerra, bandas criminales organizadas, fuerzas
policiales, mercenarios, ejércitos privados de seguridad o sicarios. Igualmente, y en una
segunda esfera, también es determinante el papel de las transnacionales con intereses en
un determinado contexto, los traficantes de armas, las diásporas, las fuerzas de
mantenimiento de la paz de organizaciones regionales o internacionales, las
organizaciones humanitarias (integradas principalmente por las famosas ONG y las
agencias de Naciones Unidas), los medios de comunicación, los diplomáticos y
mediadores internacionales, los medios de comunicación o los países donantes. Esta
procesión de actores es lo que ha llevado a algunos autores a destacar la importancia de
visualizar las actuales guerras no como un mero enfrentamiento entre oponentes sino
como una auténtica "telaraña o red de actores"28 en la que se entretejen multiplicidad
de intereses y responsabilidades, y desde la que es posible, sin necesidad de estar en el
"campo de batalla", alimentar el ciclo de la violencia.
c.- La población civil se ha convertido en el principal objetivo a destruir y
controlar por parte de los actores enfrentados, bien sea porque es concebida como
base social del adversario o bien porque la idea final es causar la mayor destrucción
posible29. De este modo, el respeto al Derecho Internacional Humanitario, que desde
finales del siglo XIX ha tratado de regular –valga la paradoja- las dinámicas de la
guerra, ha quedado relegado a un último plano. En directa relación con este hecho, cabe
subrayar también que la violación sistemática de los Derechos Humanos se ha
erigido como una auténtica arma de guerra. Las amputaciones, la colocación de
minas antipersona, el saqueo y la quema de poblados, la creación deliberada de
hambrunas para forzar el desplazamiento de una población o para provocar
directamente su inanición, los abusos y violaciones sexuales de niñas, el secuestro y la
tortura de menores, entre otras muchas, suelen ser prácticas habituales de los
beligerantes30. Otro aspecto importante es la utilización de las llamadas armas ligeras
como nuevas y frecuentes herramientas para el combate. Estas armas, que van desde
pistolas y fusiles a granadas y minas, son las causantes actualmente del 90% de las
víctimas en un conflicto armado. Su tamaño y fácil utilización posibilitan no sólo que
puedan circular de un contexto a otro sin demasiadas dificultades y bajo ningún tipo de
control (en la citada región del Río Mano, los fusiles utilizados en Sierra Leona han
pasado luego a los de Liberia y Costa de Marfil, y así sucesivamente), sino que además
sean manejadas sin complicaciones por los menores reclutados para el combate.
Privatización de la seguridad y proliferación de armas
En algunos países africanos las Fuerzas Armadas convencionales se han visto eclipsadas
por la emergencia del fenómeno de la privatización de la seguridad. La participación en
la dinámica de los conflictos armados actuales de mercenarios extranjeros, grupos
ciudadanos de autodefensa, fuerzas leales a señores de la guerra o bandas criminales se
ha convertido en algo natural y creciente. Este hecho se enraíza en el recorte de recursos
militares dispensados por la lógica de la Guerra Fría que llevó a muchos gobiernos a no
poder mantener sus tropas, lo que precipitó que buena parte de los efectivos militares
buscaran una salida en los ejércitos privados. Así, durante los noventa proliferaron un
número considerable de compañías militares privadas, como la sudafricana Executive
Outcomes31 o las británicas Sandline International, Defense Systems Ltd. y Ghurka
Security Guards, que ofrecían una serie de servicios, incluyendo entrenamiento,
consultoría y el suministro de actividades mercenarias o herramientas para el combate.
Algunas de estas empresas fueron incluso contratadas por Gobiernos soberanos para que
les ayudaran a combatir a las fuerzas rebeldes del país en cuestión, como fueron los
casos de Angola o Sierra Leona. Las transnacionales de la minería o el petróleo también
han requerido los servicios de estos ‘ejércitos’ en aras de proteger sus operaciones, como
son los casos de Shell en Nigeria o Talisman Energy en Sudán.
La masiva proliferación de armas ligeras también ha jugado un papel indispensable en
todo este entramado. Se estima que anualmente se fabrican más de ocho millones de
pistolas, revólveres o rifles y unos 16.000 millones de balas, y que existen un total de
683 millones de armas pequeñas y ligeras a escala mundial. El tráfico de dichas armas
está vinculado también a las redes ilegales que comercializan los recursos naturales,
conformando el llamado ‘triángulo violencia-armas-recursos naturales’32 que nutre la
dinámica de numerosas guerras africanas.
d.- Provocan un importante impacto regional, que debe medirse en diferentes
términos: político, por los efectos desestabilizadores que tiene una guerra en el país
vecino, por las frecuentes interrelaciones entre actores y grupos armados de diferentes
países y por las decisiones que de forma creciente se ven obligadas a tomar las
organizaciones regionales en las que se integra el país en cuestión; humanitario, por la
consiguiente entrada de decenas de miles de personas refugiadas que huyen de la
violencia en su país, lo que a menudo también origina conflictos con las poblaciones de
los lugares a los que llegan por la disputa por los recursos; económico, debido a las
repercusiones directas generadas por los desplazamientos, e indirectas, por la caída de la
economía regional y de las inversiones; y militar, por la entrada de miembros de los
grupos armados de oposición que buscan cobijo o por el constante flujo de mercenarios
y armas ligeras. Del mismo modo, cabe señalar también el impacto internacional, si se
tiene en cuenta el debate que estos conflictos a veces generan en el seno del Consejo de
Seguridad de la ONU, las resoluciones que se adoptan o las misiones de mantenimiento
o imposición de la paz, formadas por efectivos multinacionales, que deciden enviarse.
e.- Tienen graves consecuencias humanitarias, ya que provocan el desplazamiento de
millones de personas, la aparición o agudización de crisis alimentarias, la expansión de
epidemias y enfermedades, y una movilización importante de recursos internacionales
en términos de ayuda. Estas crisis humanitarias fueron rebautizadas a finales de los
ochenta –coincidiendo con el fin de la Guerra Fría y el alumbramiento de un nuevo tipo
de conflictos-, con la etiqueta de "Emergencias Políticas Complejas", consideradas
como aquellas situaciones provocadas particularmente por el ser humano, en las que se
producen víctimas por efecto de un conflicto armado, los desplazamientos y las
hambrunas, combinado con un debilitamiento o colapso total de las estructuras
económicas y estatales, y con la presencia eventual de una catástrofe natural. Estas
"emergencias", que pretenden poner el énfasis en la presencia de la "mano interesada
del hombre" en muchas de estas situaciones que a veces se presentan como fruto de la
fatalidad o la desdicha, han conllevado consigo un incremento espectacular de la
llamada ayuda humanitaria internacional y han concedido a las organizaciones
humanitarias un papel protagonista en el teatro de los conflictos de la posguerra fría.
Este asunto, que se analiza de forma más detallada en el siguiente apartado, ha sumido
al actor humanitario en un espeso océano de dilemas y debates, obligándole a
replantearse sus principios fundadores y su función a cumplir en estos nuevos contextos.
3.3.3.- Raíces y causas de las guerras africanas
Llegados a este punto, es necesario preguntarse: ¿Qué se esconde detrás de esta
violencia? ¿Cuáles son las causas profundas de estas guerras? ¿Qué factores explican
que conflictos armados como el de Angola, Sudán o Somalia se hayan prolongado
durante décadas? Aunque ocasionalmente recibimos información sobre las causas de la
violencia armada en África Subsahariana, el análisis ofrecido desde los medios de
comunicación suele estar sesgado y extraordinariamente simplificado.
Al abordar las causas de los conflictos armados contemporáneos en África Subsahariana
es preciso partir de dos importantes aspectos. En primer lugar, cabe diferenciar entre el
tipo de causas, comprendiendo: causas profundas, que suelen tener un carácter menos
visible y que tienen que ver con la violencia estructural que sufre el contexto en
cuestión (desigualdades sociales e injusticias socioeconómicas, dominio de un
determinado sector social sobre otro, fracturas existentes entre estructuras estatales y
grupos sociales agudizadas por el sistema colonial, la incompleta formación de los
Estado-Nación, etc.); causas próximas, más perceptibles y relacionadas normalmente
con el motivo de la disputa (lucha por el control del poder político y económico del país
o la región, control de los recursos naturales, demanda de independencia o de mayor
autonomía para una región concreta, instrumentalización de la pertenencia religiosa o
étnica, etc.); y detonantes, determinados episodios, discursos o acciones que provocan
el estallido de la violencia en un contexto de conflictividad. Un segundo aspecto que,
por lo tanto, cabría señalar sería el de la multicausalidad que encierran todos estos
conflictos, es decir, la necesidad de explicarlos a partir de la confluencia, interrelación y
comprensión de determinados factores, huyendo de argumentaciones simplistas y a
menudo basadas en el enfrentamiento religioso o tribal.
Precisamente, a la luz de esta complejidad, uno de los más prodigados investigadores
sobre el fenómeno de las "Nuevas Guerras", Mark Duffield, profesor de la Universidad
de Leeds (Reino Unido), propone tres narrativas o visiones diferenciadas para explicar
las guerras civiles africanas y sus causas: el nuevo barbarismo, el subdesarrollo como
causa del conflicto y la "economía política de la guerra"33.
a.- El nuevo barbarismo define los conflictos armados africanos como anárquicos,
salvajes e irracionales. En éstos, las diferentes facciones, "tribus" o clanes, movidos por
odios étnicos y ancestrales –mantenidos en hibernación durante la Guerra Fríaintentarían
sembrar el pánico de forma irracional, sin más objetivo que exterminar a
pueblos y ciudades enteras. Esta caricatura es la visión predominante no sólo en los
medios de comunicación, sino por desgracia también en muchas instancias políticas,
militares e incluso académicas, tal y como versan los trabajos de los polémicos Samuel
Huntington con su tesis sobre el "choque de civilizaciones" o de Robert Kaplan con su
artículo "La anarquía que viene"34, en el que interpreta la violencia y los disturbios en
África occidental como algo descontrolado, instintivo y pseudo apocalíptico.
Para otros autores35, sin embargo, los análisis de las guerras africanas centrados en la
etnicidad son sumamente discutibles al estar construidos desde un discurso racial y de
determinismo biocultural, en el que las diferencias culturales son consideradas como la
causa del conflicto, el antagonismo y la violencia. De este modo, la adopción de esta
visión tiende, en primer lugar, a naturalizar las identidades étnicas entendiéndolas como
primarias e irracionales, obviando que pueden haber sido construidas social e
históricamente. En segundo lugar, explica la violencia por la mera existencia de
diferentes identidades étnicas, religiosas o culturales, ignorando así el carácter
dinámico, multifacético e interactivo de las identidades étnicas, así como la capacidad
de muchos grupos de convivir pacíficamente en gran parte de África y del mundo. En
tercer lugar, esconde la actuación y la responsabilidad de diferentes actores y grupos
sociales (africanos e internacionales) que, en su lucha por el poder y los recursos,
manipulan e instrumentalizan las identidades etnoculturales para movilizar a la
población. Esta narrativa, por lo tanto, refuerza el tópico del "África salvaje y violenta"
y legitima políticas como el cierre de fronteras a la inmigración, la crisis del asilo o la
reducción de la ayuda al desarrollo.
b.- Una segunda visión sitúa al subdesarrollo como causa de los conflictos armados
africanos. Si bien una corriente pone el acento en los factores internos (incremento de la
pobreza, deterioro medioambiental, aumento de la exclusión social y de la
marginalidad, la corrupción de las elites o la militarización de las sociedades), la otra se
centra más en factores de índole externa (el legado del colonialismo, la dependencia
exterior, el impacto de los Planes de Ajuste Estructural, la deuda externa o la creciente
marginalidad del continente africano en la economía mundial). Ambas corrientes, sin
embargo, comparten la idea de que la modernización, la alfabetización o la inversión en
servicios básicos son elementos que contribuyen decisivamente a aminorar el riesgo de
que estalle de forma violenta un conflicto. Este punto de vista, incorporado por el
discurso de los sectores responsables de la cooperación al desarrollo, aún conteniendo
una importante parte de verdad, ofrece también un enfoque limitado que esconde
algunos de los factores que en ocasiones provocan la violencia: ¿por qué países
considerados como pobres en el propio continente africano nunca han enfrentado un
conflicto bélico, mientras que países más ricos y desarrollados, como sería el caso de la
región de los Balcanes, sí lo han hecho?.
c.- Una tercera y última narrativa que ha ido adquiriendo fuerza en los últimos años es
la que nos remonta al análisis anteriormente realizado sobre el estado poscolonial y que
Duffield llama "la economía política de la guerra", la cual sostiene que los conflictos
bélicos africanos son la respuesta de ciertas elites políticas y económicas a su desigual
integración en la economía mundial. Esta visión considera que la crisis de legitimidad
del estado postcolonial africano a finales de los ochenta redujo las principales fuentes de
financiación del estado neopatrimonial con las que las elites africanas lograban
alimentar sus redes clientelares y mantener el estatus quo y la represión. Tras el fin de la
Guerra Fría, el estado poscolonial perdió su utilidad por lo que las elites empezaron a
buscar nuevas fuentes de autoridad, privilegios y beneficios materiales a través de
procesos de democratización o bien mediante la economía de la guerra, es decir, el
control de los recursos naturales, el tráfico de armas o la manipulación de la ayuda
humanitaria, entre otras prácticas.
Esta literatura ha estudiado los flujos económicos que se producen en las llamadas
"guerras por recursos"36. Según Michael Renner37, una cuarta parte de los conflictos
armados africanos que permanecían activos en 2001 podían insertarse en esta categoría,
en la que la explotación legal o ilegal de recursos por parte de determinados actores
contribuía a la exacerbación de la violencia o bien a financiar su continuación. La
iniciativa promovida por dichos sectores no está encaminada explícitamente a derrocar
un Gobierno, si no simplemente a ganar y mantener el control sobre la explotación de
un determinado recurso (petróleo, madera, diamantes, coltán, etc.), los cuales
casualmente suelen ser la principal fuente de ingreso y poder en sociedades
fundamentalmente empobrecidas. Es a partir de este análisis desde el que numerosos
autores aseveran el hecho de que la guerra, en sí misma, ha adquirido una lógica, una
función y una racionalidad clara para determinados grupos, convirtiéndose en una forma
de integración y producción social, es decir: la guerra es un fin en sí misma y la
perpetuación de la violencia se convierte en un objetivo económico y político.
Guerras y recursos naturales
Uno de los ejemplos más flagrantes de esta dinámica ha sido el de los diamantes en los
conflictos armados de Sierra Leona, República Democrática del Congo y Angola. En la
guerra de Sierra Leona (1991-2002) jugaron, sin duda, un papel central. El grupo
armado de oposición enfrentado al Gobierno de Kabbah durante los noventa, el RUF,
lograba obtener armas y sostenerse mediante el control de los campos de diamantes, que
otorgaban unos réditos anuales de entre 25 y 125 millones de dólares al año. Las gemas,
extraídas por menores explotados y forzados a trabajar, viajaban a Bélgica camufladas
como piedras preciosas a través de la Liberia de Charles Taylor, de Guinea o de
Gambia.
El pillaje de este mineral también ha sido capital en los conflictos que han azotado a la
República Democrática del Congo (antes Zaire) durante los noventa. Entre 1996 y
1997, el ADFL de Laurent Kabila, verdugo del histórico Mobutu Sese Seko, concedió la
explotación de extensas minas a cambio de apoyo militar a determinadas compañías.
Las multinacionales De Beers, Anglo-American Corporation, Barrica Gold
Corporation, Banro American Resources, American Mineral Fields o Bechtel
Corporation, fueron las más importantes. La segunda guerra, iniciada en 1998, ha
presenciado un incremento de este expolio, así como del sufrimiento humano. En ese
mismo año, las tropas rwandesas y ugandesas invadieron el país en apoyo de los grupos
que trataban de derrocar a Kabila, mientras que Angola, Zimbabwe, Namibia y Chad
proporcionaron tropas en apoyo al entonces mandatario congolés. Según estimaciones,
más de 100.000 efectivos militares extranjeros llegaron a entrar en este país. Aunque el
motivo inicial de todas estos actores era principalmente geoestratégico y de seguridad,
la oportunidad de saquear los ingentes recursos del país (diamantes, oro, coltan,
niobioum, casiterita, cobalto, zinc o manganeso) en un contexto de descontrol y falta de
autoridad incentivaron esta dinámica. Pero la responsabilidad en el proceso de saqueo
no sólo debe recaer en los países de la región. Naciones Unidas ha certificado la
implicación de empresas belgas, holandesas, alemanas y suizas en el comercio ilegal del
coltan, mientras que 34 compañías ancladas en Europa occidental, Canadá, Malasia,
India, Pakistán y Rusia, han sido acusadas de comercializar también con numerosos
recursos.
Por último, es también reseñable la importancia de los diamantes en el conflicto de
Angola (1975-2002), en el que el grupo armado de oposición UNITA logró más de
3.700 millones de dólares sólo entre 1992 y 1998 procedentes de la comercialización de
los diamantes, con los que compraba armas y enriquecía el bolsillo de los principales
cuadros militares del grupo. De este modo, a principio de la década de los noventa
UNITA controlaba en torno al 90% de los campos diamantíferos, principalmente
situados en el este del país. Hasta 1999, año en que la empresa sudafricana De Beers
cedió a las presiones internacionales, UNITA tenía escasas dificultades a la hora de
comercializar sus diamantes. Para la salida de las piedras, el grupo armado utilizó varias
rutas que le ayudaron a esquivar el embargo impuesto por Naciones Unidas, siendo
Burkina Faso, el ex Zaire de Mobutu, Togo y Rwanda los principales paraísos para sus
transacciones ilegales. Mientras, las armas procedían principalmente de Bulgaria y otros
países de la Europa del Este.
De Beers, los diamantes y el Proceso de Kimberley
En 1999, el 4% de los 6.600 millones de dólares facturados por esta empresa
sudafricana, que controla el 70% de la producción del diamante, procedía directamente
de contextos en conflicto armado, mientras que un grupo de expertos de Naciones
Unidas determinó en el año 2000 que el 20% del comercio total de diamantes era de
carácter ilícito. Los llamados "diamantes sangrientos" ("Blood diamonds"), apelativo
que se le otorgó a las piedras que tenían su origen en este tipo de contextos, llamaron la
atención de la comunidad internacional a finales de los noventa, al certificarse el papel
decisivo que estaban teniendo en la alimentación de muchos conflictos armados. De este
modo, algunos Estados, representantes de la industria diamantífera y varias ONG
iniciaron el llamado Proceso de Kimberley, un conjunto de reuniones que desembocó en
el establecimiento de un "Sistema Internacional de Certificación de Diamantes" que
tenía como objetivo controlar la procedencia de las gemas, para así evitar la
comercialización de aquellas que tenían su origen en países en conflicto. No obstante, organizaciones como Global Witness han denunciado que a pesar de la aparente buena voluntad, no existen por el momento mecanismos que verifiquen la rigurosidad y la efectividad de la iniciativa.



Lo que para UNITA eran los diamantes, para el Gobierno de José Eduardo Dos Santos
lo significó el petróleo, quien también lograba unos réditos de entre 2.000 y 3.000
millones de dólares por año gracias a la implicación de empresas como Chevron, Elf
Aquitaine, BP o ExxonMobile. Según la organización Global Witness38, las
transnacionales del petróleo se convirtieron en cómplices directos de la perpetuación de la guerra en Angola mediante la financiación de las necesidades del Ejecutivo angoleño.

Beneficios estimados en algunas de las "guerras por recursos"
Actor Recurso Período Beneficio estimado
UNITA (Angola) Diamantes 1992-2001 4.000-4.200 millones de dólares en total
Dos Santos
(Angola)
Petróleo Década de los
noventa
2.000-3.000 millones de dólares/año
RUF (Sierra
Leona)
Diamantes Década de los
noventa
25-125 millones de dólares/año
Charles Taylor
(Liberia)
Madera Finales de los
noventa
100-187 millones de dólares/año
Gobierno de
Sudán
Petróleo Desde 1999 400 millones/año
Gobierno de
Rwanda
Coltan (desde
RD Congo)
1999-2000 250 millones de dólares en total
Fuente: Renner, Michael.

La literatura de la economía política de la guerra ha destapado el lugar que ocupa el
continente africano en la otra cara de la economía mundial, aquella que remite a las
redes internacionales criminales: "redes que vinculan a los señores de la guerra
africanos con los "narcos" colombianos, las mafias rusas, los talibanes de Afganistán o las bandas criminales de las ciudades estadounidenses. Y en la cual, no sólo operan "los malos" del mundo, sino también importantes compañías internacionales
aparentemente respetables"39. Además, y lejos de caer en un ejercicio de demagogia,
este análisis también nos remite a la responsabilidad e implicación implícitas que como consumidores del Primer Mundo podemos llegar a tener con un determinado contexto
de conflicto armado, ampliando la visión de esta compleja red de actores desde la que
puede interpretarse la violencia armada en África.

Aunque existen críticas hacia esta visión, relacionadas con la percepción negativa de las elites africanas como criminales que saquean el país o su fundamentación en las dinámicas económicas, la "economía política de la guerra" insta a comprender las
nuevas guerras como una red en la que se entretejen factores internacionales e internos de todo tipo que sostienen la violencia. Desde los flujos de dinero ilícito, el tráfico de armas o de personas, hasta el flujo de información e influencia política, por poner sólo algunos ejemplos. Estas redes dan a las nuevas guerras una racionalidad política que muchas veces no es aparente y que ha hecho que muchos perciban las nuevas guerras como caóticas y como simples frutos de la violencia elemental, cuando, en realidad, se trata de expresiones de intereses de muy diversos actores40.

En suma, estas tres narrativas intentan ofrecer elementos para la comprensión y el
análisis de las causas de los conflictos armados africanos contemporáneos. Siendo
totalmente rechazable la visión esbozada por el llamado "nuevo barbarismo", tanto las
teorías relacionadas con el "subdesarrollo" como las de "la economía política de la
guerra" presentan aspectos no excluyentes y que cabe tener en cuenta en el difícil
ejercicio de entender las raíces del fenómeno de la violencia organizada en África
Subsahariana.

El puente sólo se repara cuando alguien se cae al agua Proverbio africano (Somalia)

4.- NUEVO HUMANITARISMO E INTERVENCIÓN INTERNACIONAL EN ÁFRICA

En esta enmarañada y compleja red de actores en la que debe situarse la comprensión,
estudio y análisis de los conflictos armados africanos, uno de los aspectos de mayor
interés y trascendencia es la controvertida presencia y actuación de la comunidad
internacional, y en particular, de las organizaciones humanitarias. Si hasta mediados de los ochenta, las cuestiones humanitarias estaban casi íntegramente gestionadas a través de los Estados –quienes utilizaban la ayuda con una clara intencionalidad política-, el fin de la contienda bipolar alumbrará la llegada de un "nuevo humanitarismo", una nueva manera de hacer frente a la pobreza, el hambre y las guerras que tendrá en las famosas ONG su principal estandarte y que se traducirá en un formidable incremento de los presupuestos y las actividades sobre el terreno. Este apogeo humanitarista se explica en parte por la creciente influencia de los medios de comunicación en las opiniones públicas y los gobiernos; el interés de los Estados en buscar un "mínimo común denominador" para sus respuestas; la dejación de estos últimos en sus responsabilidades respecto del Derecho Internacional Humanitario; la mayor visibilidad de la acción humanitaria frente a otras acciones como la cooperación para el desarrollo; las nuevas definiciones de seguridad global; o la puesta en marcha de nuevos mecanismos de gestión de crisis41.

El dilema humanitario en África

África, junto con los Balcanes, representa, sin duda, uno de los principales escaparates de la acción humanitaria de la posguerra Fría. El extraordinario desembarco de organizaciones humanitarias (incluido las llamadas agencias de Naciones Unidas – ACNUR, UNICEF o PMA, son algunas-) en países como Sierra Leona, Liberia, Angola, Somalia, Uganda o Sudán, ha intentado mitigar los efectos provocados por la violencia de la guerra, mediante la asistencia a las poblaciones desplazadas o el suministro de ayuda alimentaria y de medicamentos.

Esta importante tarea no ha estado exenta de numerosas dificultades y riesgos, máxime
si se tiene en cuenta que tanto la población civil como el personal humanitario se han convertido en objetivos intencionados de los actores enfrentados. Además, este nuevo marco ha conllevado cuantiosos fracasos (Rwanda o Somalia son los más sonados), la aparición de innumerables dilemas en el seno de las organizaciones humanitarias y la formulación de contundentes críticas hacia la labor humanitaria en África.

a.- Humanitarismo y guerra. Algunas voces han insistido en el hecho de que la ayuda
humanitaria incluso ha entrado a formar parte de la dinámica del conflicto, y en
ocasiones, ha contribuido a prolongar la violencia ya que muchos actores inmersos en la contienda han manipulado la ayuda en función de sus intereses. De este modo, la
actuación humanitaria ha llegado a convertirse, casi siempre de forma involuntaria, en un apoyo económico y político, directo o indirecto, de los grupos dominantes que salen favorecidos con estas guerras, erigiéndose incluso en un elemento fundamental para la llamada economía política de guerra. La manoseada ‘neutralidad’ de la que las
organizaciones humanitarias suelen hacer bandera, no es más que un fetiche en un
contexto, el de las "nuevas guerras", en el que ONG y agencias de Naciones Unidas han
pasado a ser un actor más de la contienda.

b.- Humanitarismo y política. Otro de los aspectos más criticados de este "nuevo
humanitarismo" ha sido la paulatina politización que los países donantes suelen hacer de la ayuda. En este sentido, los años noventa han presenciado un tipo de ayuda que, lejos de estar vinculada a criterios estrictamente de necesidad, ha pasado a ser el brazo político y económico de muchos Estados y la fuente indispensable de ingresos de la llamada "industria de la solidaridad". Aunque existe un núcleo importante de ONG que desarrollan una labor independiente e indispensable en estos contextos, el humanitarismo ha creado una raza de organizaciones que poco tienen de "no gubernamentales" al depender casi exclusivamente de los fondos dispensados por los países del Primer Mundo. Además, la llegada de este caudal a las poblaciones que sufren las embestidas de la violencia viene a menudo filtrada por la existencia de una serie de intereses políticos, económicos e incluso geoestratégicos, que aunque en ocasiones puede estar relacionado con el respeto de los derechos humanos o el fin de las hostilidades entre las partes enfrentadas, otras veces tiene que ver con la presencia de beneficios económicos.

c.- Humanitarismo y militarización. El humanitarismo del ‘nuevo orden’ en el
continente africano se ha caracterizado también por la paulatina militarización de la
ayuda. En este sentido, algunos países como Liberia, Somalia o Ruanda presenciaron la
llegada de tropas bajo el paraguas de Naciones Unidas que abanderaban ‘misiones
humanitarias’ y que tenían como principal objetivo la defensa militar de la ayuda y la protección del personal humanitario, pero que por el contrario tuvieron una
participación militar activa e incluso de confrontación directa con los actores en guerra.

De este modo, la clara divisoria entre el ámbito humanitario y militar ha ido
difuminándose, sobre todo a ojos de los beligerantes, provocando serios perjuicios para las organizaciones humanitarias que han pasado a ser objeto de ataques y agresiones.

El complejo y extenso mundo del humanitarismo en África es, por tanto, un serio
motivo de debate en el seno de la comunidad internacional. Aun siendo de vital
importancia para la población civil, principal damnificada de los conflictos armados y de las catástrofes naturales, el desarrollo de la acción humanitaria también ha supuesto importantes perjuicios que a menudo han quedado disimulados por la imagen
benevolente que de per se es otorgada a la ayuda internacional. Tal es así, que muchas voces críticas señalan la aparición de un nuevo colonialismo en el continente africano ejemplificado en la llamada "imagen de las 3 M", que integra las figuras del mercader, el militar y el misionero. Tres elementos del pasado colonial que hoy día quedan suplantados por la presencia de las empresas transnacionales, las tropas
multinacionales y las ONG.





Pero si en algo se caracteriza la actuación de la comunidad internacional en el
continente africano desde el final de la Guerra Fría es en la sucesión de fracasos
cosechados. Si bien el genocidio rwandés es el más flagrante –recordemos, entre
800.000 y un millón de personas fueron masacradas en tan sólo cien días, mientras
Naciones Unidas se retiraba del país; el papel estadounidense en Somalia; la
participación directa (con violaciones masivas de los Derechos Humanos incluidas) de
las fuerzas de contención del ECOMOG en Sierra Leona y Liberia; o la parsimoniosa
reacción de Naciones Unidas en Darfur (Sudán); también dan buena cuenta de las
dinámicas internacionales. Lejos de fortalecerse con el paso de los años y de los errores, la actuación internacional en África se ha caracterizado en estos últimos tiempos por suimperante falta de recursos y medios, su lentitud (fruto de la malformación genética que sufre Naciones Unidas) y su reiterada torpeza.

¿Una nueva "Guerra Fría"?

Pero aparte del controvertido papel desempeñado en África por el conjunto de la
comunidad internacional, no puede para nada obviarse la pugna encarnizada que
mantienen hoy día Francia y EEUU por el control económico y político del continente.
Si bien Washington trata de afianzarse con la complicidad de muchos regímenes locales
y de convertir a África en una futura fuente de petróleo que le permita diversificar su dependencia del crudo procedente de la región de Oriente Medio (se estima que en
pocos años África suministrará el 25% del petróleo a EEUU), Francia todavía intenta
hacer prevalecer su influencia en muchos de los países de los que fue metrópoli, como
es el caso de Costa de Marfil, donde actualmente tiene desplegados más de 5.000
efectivos militares supervisando el acuerdo de paz existente en el país –los cuales
protagonizaron en 2004 un enfrentamiento directo con miembros de las FFAA
marfileñas- y en cuya capital, Abiyán (sirva como dato para la desmitificación de
algunos discursos), habitan más franceses que marfileños en París. En este sentido,
ambos países no sólo defienden a ultranza una penetración económica sin
contraprestaciones en muchos contextos africanos, sino que, en ocasiones, han
respaldado y legitimado dictaduras o regímenes despóticos en función de sus intereses, como el ex Zaire de Mobutu o la Guinea Ecuatorial de Teodoro Obiang por parte de EEUU o Gabón, Chad, República Centroafricana y Djibouti por parte de Francia. A parte de la presencia en el continente africano de estos dos países, cabe destacar el determinante y crecientemente relevante papel que China está desempeñando no sólo en África, sino en el conjunto del planeta.

En definitiva, aunque no puede desmerecerse la importante labor humanitaria que
muchas organizaciones e individuos han desempeñado en las últimas décadas en el
continente africano, el balance de la actuación internacional en África no es para nada alentador, por lo que merece ser sometido a una profunda revisión y debate que tenga en cuenta los efectos perniciosos de una ayuda que responde más a intereses occidentales que al originario imperativo humanitarista de ‘salvar vidas’.

El dueño de la casa sabe donde gotea su tejado Proverbio africano (Bornu, Nigeria)

5.- CONCLUSIONES

Estas páginas han pretendido mostrar sólo uno de los aspectos que atañen al continente africano: el de los conflictos armados, sus dinámicas, sus protagonistas y sus causas. Un fenómeno que acostumbra a ser la única visión que desde los medios de comunicación se nos ofrece de esta parte del planeta. Pero qué duda cabe que África es mucho más que las situaciones de violencia, que las catástrofes naturales o que la corrupción de algunos de sus líderes. Existe una extensa literatura que aborda la riqueza cultural de las sociedades africanas, sus costumbres, su manera de reaccionar ante las adversidades, su pluralidad y su sabiduría, que confirman su carácter de cuna del mundo, de origen de la historia humana. Sin embargo, África está condenada a otra lacra igual de perniciosa que la colonización, que la violencia de las guerras o que el expolio de su riqueza natural: la invisibilidad a ojos del mundo de un continente vivo, que se mueve y que reacciona ante los colosales obstáculos interpuestos por la historia. Una invisibilidad que también está presente al abordar los escenarios de conflicto armado en el continente.

a.- La sociedad invisible. El análisis de las guerras africanas suele presentarnos a las sociedades africanas afectadas por las guerras como entes pasivos, incapaces de
rebelarse ante las adversidades, dependientes de la mano caritativa de Occidente,
sedientas de la presencia internacional que ayudará a restituir la situación. Lejos de esta falseada realidad, la población civil africana suele reaccionar con contundencia ante una crisis, creando redes de solidaridad y apoyo, recurriendo a estrategias de supervivencia alternativas, estableciendo sistemas de organización paralelos, e incluso posicionándose y tomando parte activa del conflicto armado. La nula difusión de esta fotografía contribuye, sin duda, a la imposibilidad de convertir a África y sus gentes en sujetos activos y protagonistas directos de su historia.

b.- Las responsabilidades invisibles. El papel de las empresas transnacionales, de las potencias occidentales, de los medios de comunicación, de las organizaciones
intergubernamentales o de los grupos criminales internacionales queda a menudo oculto
a la hora de establecer responsabilidades en el análisis de los conflictos armados
africanos. Aunque no puede obviarse la función determinante que desempeñan
determinadas elites políticas y económicas, que como se ha analizado a lo largo del
cuaderno pretenden convertir la guerra y el desorden político en un modus vivendi, suele establecerse un régimen de impunidad en torno a la figura de los actores externos. No obstante, muchos de los conflictos actuales que se desarrollan en el África negra, así como algunas situaciones de injusticia y sufrimiento, son alentadas por sectores ajenos a la contienda, pero que tienen mucho a ganar con la perpetuación de la violencia.

c.- La paz invisible. La perenne visión de este continente como lugar fatalmente
entregado a la violencia y al drama humanitario ha segado de cuajo la existencia de otra realidad: África es igualmente una tierra donde brotan de forma constante iniciativas de paz, de conciliación y de diálogo. La prueba certera de este hecho es que en 2005 existían más de una decena de procesos de paz abiertos en el continente, algunos de los cuales correspondían a conflictos considerados como no resueltos42.

En Costa de Marfil, Sudán, Burundi, Congo-Brazzaville, RD Congo, Somalia, Angola o Nigeria, la diplomacia de Naciones Unidas junto con la cada vez más activa diplomacia de los organismos regionales o subregionales (SADC, IGAD o ECOWAS) y, en algunas ocasiones, las organizaciones de la sociedad civil, tratan diariamente de echar leña a "la locomotora de la paz". La marginalidad en la que sobreviven todos estos procesos no sólo diluye el esfuerzo de numerosos organismos y personas, sino que además evita que se destinen más recursos para el sustento de tan primordiales iniciativas.

d.- Las "otras guerras" invisibles. Si en el año 2004 unos 300.000 africanos murieron
como consecuencia directa de la guerra, en ese mismo año, la pandemia del VIH/SIDA
y la malaria, dejaron un reguero de tres millones de víctimas mortales, una cifra diez veces superior. Y es que más de 25 millones de personas están infectadas por el virus del sida en el continente (un 60% sobre el total de los casos, a pesar de representar sólo el 10% de la población mundial), de las que casi dos millones y medio fallecen anualmente. Países como Zimbabwe, Swazilandia, Zambia, Botswana, Malawi o Mozambique también lidian una guerra diaria contra esta peste, que en la mayoría de estos países ha reducido drástica y espectacularmente la esperanza de vida –situándose en algunos casos por debajo de los 40 años- y ha convertido a millones de menores en huérfanos. En este sentido, ONUSIDA estima que más de 25 millones de personas, en su mayoría africanos, morirán en los próximos años como consecuencia de esta enfermedad. La escasa voluntad política, los intereses comerciales y económicos de las grandes farmacéuticas y la inexistencia de una política de prevención y sensibilización contundente son los factores que están posibilitando este genocidio silencioso que diariamente, y según Naciones Unidas, acaba con la vida de más de 6.000 africanos.

África desde África

Muchos han sido los aspectos abordados a lo largo de estas páginas en relación con los conflictos armados en África Subsahariana. Muchas son igualmente las preguntas e
interrogantes que se despiertan tras el análisis de este fenómeno, especialmente los que tienen que ver con las iniciativas de paz o bien con el controvertido trabajo de la comunidad internacional e incluso de los medios de comunicación, aspectos todos ellos que pueden ser tratados con mayor profundidad en futuras publicaciones de esta
colección.

Así las cosas, el presente cuaderno ha pretendido subrayar varios elementos que a
continuación se destacan a modo de conclusión: 1) Los conflictos armados africanos
son extraordinariamente complejos y multicausales, por lo que cualquier análisis debe
huir de simplificaciones o estereotipadas visiones; 2) Las guerras africanas
contemporáneas deben entenderse a partir de la existencia de una "red o telaraña de
actores" con intereses determinados en la lógica del conflicto; 3) Cualquier
planteamiento de resolución pasa por un análisis y comprensión profundo y detallado
que tenga en cuenta la importancia de esta dinámica interna-global; y 4) Es
imprescindible en todo este ejercicio la escucha activa de las voces y opiniones
procedentes del propio continente, que aún siendo frecuentemente obviadas, también
tratan de dar respuesta a los interrogantes de su Historia. Tener en cuenta estas premisas puede a ayudar, por lo tanto, a aproximarnos a un continente tan extraordinario y desbordante como diezmado y maltratado por la Historia.

NOTAS

1 Nótese que al referirnos a África Subsahariana se hablará del África negra, es decir, de las naciones al sur del desierto del Sáhara.

2 Véase Kaplan, R., The Coming Anarchy, en The Atlantic Monthly, febrero 1994; o Huntington, Samuel, The Clash of Civilizations and the Remaking of the World Order, Simon&Schuster, 1998.

3 Chabal, Patrick y Daloz, Jean-Pascal, África Camina, El desorden como instrumento político, Edicions Bellaterra, 2000.

4 Cortés López, José Luís, Historia contemporánea de África. Desde 1940 hasta nuestros días. De Nkrumah a Mandela, Editorial Mundo Negro, Madrid, 2001.

5 Ndongo-Bidyogo, Donato, "Conflictos en África", en VV.AA, El África que viene, Intermón, Barcelona, 1999

6 Cortés López, José Luís, Íbidem.

7 Artículos 1 y 5. Versión completa de la Carta de las Naciones Unidas en:
http://www.un.org/spanish/aboutun/charter/

8 Campos Serrano, Alicia, "La aparición de los estados africanos en el sistema internacional: la descolonización de África", en Peñas, Francisco Javier (ed.), África en el sistema internacional, La Catarata, Madrid, 2000, págs.: 12-50

9 Íbidem.

10 En Huband, Mark, África después de la Guerra Fría. Las promesas de un continente roto, Paidós, Barcelona, 2001.

11Íbidem.
12 Íbidem.

13 Peñas Esteban, Francisco Javier, "Diplomacia humanitaria, protectorados y política de cañoneras: África Subsahariana, estatalidad, soberanía y tutela internacional", en Peñas, Francisco Javier (ed.), África en el sistema internacional, La Catarata, Madrid, 2000, págs.: 51-83.

14 Íbidem.

15 Cabe señalar que aunque en un inicio algunos de estos países lograron iniciar procesos democráticos e incluso poner fin a algunas situaciones de conflicto armado, como fueron los casos de Mozambique y Sudáfrica, los años posteriores también verían detonar escenarios de enfrentamiento bélico en contextos que inicialmente habían iniciado un proceso democrático, como la República Centroafricana (2002-2004), Congo (1993-2003) o Guinea-Bissau (1999-2002).

16 Rodríguez-Piñero Royo, Luís, "Del partido único al ‘buen Govern’: el contexto internacional de los procesos de democratización en el África Subsahariana después de la Guerra Fría", dins Peñas, Francisco Javier (ed.), África en el sistema internacional, La Catarata, Madrid, 2000, p. 209-264.

17 Ruiz-Giménez Arrieta, Itziar, "El colapso del Estado postcolonial en la década de los noventa, La participación internacional" en Peñas, Francisco Javier (ed.), África en el sistema internacional, La Catarata, Madrid, 2000, págs.: 165-207.

18 Íbidem.

19 Como en el caso de hutus y tutsis en la región de los Grandes Lagos o en Somalia.

20 Iniesta, Ferran, citado en Ruiz-Giménez Arrieta, Itziar, Íbidem.

21 Kaldor, Mary, Las nuevas guerras. Violencia organizada en la era global, Tusquets, Barcelona, 2001.

22 Escola de Cultura de Pau, Barómetro 9 sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz, Barcelona, octubre 2005.

23 Excluyendo, por lo tanto, el que tiene lugar en Argelia, perteneciente a la llamada región del Magreb o Norte de África.

24 Sudán se compone de población negroafricana y árabe.

25 Escola de Cultura de Pau, Alerta 2005! Informe sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz, Icaria, Barcelona, 2005.

26 Charles Taylor también está actualmente imputado por el Tribunal Especial de Sierra Leona por cometer crímenes de guerra.

27 La resolución definitiva de este conflicto continúa estancada, al igual que la de otros contextos de conflictividad africana que por motivos de extensión no es posible abordar.

28 Duffield, Mark, Las nuevas guerras en el mundo global. La convergencia entre
desarrollo y seguridad, La Catarata, 2004.

29 Sirva como dato a tener en cuenta: si en la Primera Guerra Mundial se estimaba que nueve de cada diez muertos en un conflicto eran miembros de las fuerzas militares que se enfrentaban, esa cifra se ha invertido totalmente tras el fin de la Guerra Fría, ya que actualmente, el 90% de las víctimas de una guerra son población civil.

30 Véase Castel, Antoni, "Les noves guerres a l’Àfrica: interessos i ingerències" en Universitat Internacional de la Pau, Àfrica: camins de pau, XIX edició de la UIP, Sant Cugat del Vallès, julio, 2004, págs.: 109-112.

31 Autores como Henfrid Münkler han llegado incluso a afirmar que "en el África negra está extendida la opinión de que un solo mercenario de Executive Outcomes vale tanto como toda una compañía de soldados autóctonos", en Münkler, Herfried, Viejas y nuevas guerras. Asimetría y privatización de la violencia, Siglo XXI, 2005.

32 Fisas, Vicenç, Cultura de Paz y gestión de conflictos, Icaria, Barcelona, 1999.

33 Duffield, Mark, Íbidem.

34 Huntington, Samuel, Íbidem.

35 Ruíz-Giménez Arrieta, Itziar, "Los conflictos armados contemporáneos del África Subsahariana", en Universitat Internacional de la Pau, Àfrica: camins de pau, XIX edició de la UIP, Sant Cugat del Vallès, julio, 2004, págs.: 103-107.

36 Véase también Collier, Paul, Economic causes of civil conflict and their implications for policy, World Bank, 2000.

37 Renner, Michael, The Anatomy of Resource War, Worldwatch Paper 162, Worldwatch Institute, 2002.

38 En Renner, Michael, Íbidem.

39 Ruíz-Giménez Arrieta Itziar, Íbidem.

40 Duffield, Mark, Íbidem.

41 Roberts, Adam, "El papel de las cuestiones humanitarias en la política internacional en los años noventa", en UEH Los desafíos de la acción humanitaria, Icaria, 1999, Barcelona, pp. 31-70.

42 Escuela de Cultura de Paz, Barómetro 9, Íbidem.
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Diciembre 2005.

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